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Lunes, 19 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Una Caja de Pandora

Juan Manuel Villasuso [email protected] | Martes 16 junio, 2009



Una Caja de Pandora

Dialéctica

Parece que mis recientes comentarios sobre la práctica de cuidar cama en los hospitales de la CCSS han abierto una Caja de Pandora. Muchas personas me han escrito y enviado mensajes haciendo referencia a otros importantes temas relacionados con la seguridad social que no he abordado en esas columnas. Mi agradecimiento por las observaciones y mis disculpas por la imposibilidad de responderles de manera individual.
Atribuyo ese gran interés y preocupación por los servicios de salud en nuestro país al menos a tres factores.
Primero, al hecho de que en el imaginario social costarricense la salud es un bien público y no una mercancía. Esto quiero decir que todos los ciudadanos, sin importar sus características y condiciones consideran que tienen derecho a ser atendidos cuando están enfermos y que esa prestación no debe estar subordinada a que puedan pagar el costo correspondiente.
Segundo, a la expectativa de que los servicios de salud sean de calidad y similares para todos los pacientes. Resulta inaceptable que se discrimine a las personas en razón de criterios que no sean estrictamente médicos. En cuanto a la calidad, el concepto va más allá de los atributos del tratamiento terapéutico, tiene que ver también con la oportunidad de las citas, la cortesía y calidez de la atención y la posibilidad del asegurado de ser escuchado.
Tercero, al convencimiento de la gran mayoría de los costarricenses de que la CCSS es un patrimonio nacional que debe ser protegido, cuidado y resguardado contra múltiples amenazas que la acechan, algunas internas y otras que vienen de afuera.
Entre las internas destacan los biombos de todo tipo, que no han desaparecido, la ineficiencia en la gestión de recursos a que hemos hecho referencia en columnas anteriores, el inadecuado uso de empréstitos internacionales, y a una visión de desarrollo institucional que en los últimos años parece ser insuficiente para enfrentar grandes retos financieros, sociales, tecnológicos y de formación de recursos humanos.
En cuanto a los peligros externos, uno de los que más preocupan es el intento de privatización de los servicios que se percibe en la actitud y acciones de personas que tienen intereses vinculados con el sector privado de la salud. La compra de servicios por parte de la CCSS y el auge y expansión de las empresas hospitalarias despiertan la suspicacia de quienes señalan casos concretos de mala administración e incluso de corrupción en la seguridad social.
Pero también el abuso por parte de los asegurados es un elemento que inquieta a los miles de trabajadores y profesionales de la CCSS que con mística y dedicación hacen una encomiable labor, muchas veces superando carencias y limitaciones. Las injustificadas solicitudes de consultas para ausentarse del trabajo, el desperdicio de medicamentos, la grosería con que en ocasiones los asegurados tratan a los funcionarios, y las críticas infundadas son también agravios serios que dañan a la institución y desprestigian a quienes cumplen su trabajo con excelencia.
Al igual que en el mito griego de Pandora, al abrirse esta Caja, la de la CCSS, algunos verán salir males y desgracias, mientras que otros hallarán virtudes y bondades. En cualquiera de los dos casos, sin embargo, la Esperanza estará presente. Es a partir de ella, y con sustento en los principios de solidaridad y universalidad, que debe acometerse lo antes posible lo que el Dr. Guido Miranda denomina “la adecuación de nuestro sistema de seguridad social”. Es un imperativo nacional.