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Una solución creativa por parte de algunas entidades bancarias, abre la posibilidad de salir de la crisis a los poseedores de tarjetas de crédito utilizadas en forma indebida

Un salvavidas para tarjetas en crisis

Los 400 tipos de tarjetas de crédito que ofrece el mercado en este país se han sumado al uso irreflexivo que hace de ellas una buena parte de la población costarricense para generar una crisis lo suficientemente importante como para que algunos bancos vieran en ello una encrucijada a la cual hay que buscarle solución.
Estas tarjetas les permiten hacer gastos a los tarjetahabientes sin medir su real capacidad de pago, por lo cual después se ven agobiados por una deuda que no pueden cancelar y que les cobra unos intereses que van del 20% al 55% anual.
En esta trampa han caído tantos nacionales, durante los últimos tiempos marcados por el Mundial de Fútbol, el Día del Padre y la impresión de estar saliendo de la crisis económica, que ahora esas deudas constituyen un problema para los emisores y un callejón sin salida para los deudores.
El mal uso de las tarjetas de crédito ha convertido estas deudas en bolas de nieve que se tornan inmanejables y esta situación no es sana ni para los clientes ni para los entes emisores.
Esto ha suscitado una solución creativa por parte de algunas entidades bancarias, que abre la posibilidad de salir de la crisis a los poseedores de tarjetas de crédito utilizadas en forma indebida.
En un intento de buscar una solución a la cartera morosa y a la vez vislumbrando un nuevo negocio, algunos bancos tratan de comprar esas deudas caras y de ofrecer préstamos a una tasa menor y a varios años, para que los deudores puedan cancelar esos compromisos.
Lo interesante sería que, además de apagar el incendio en este momento, el nuevo plan de los bancos sirviera para que los consumidores costarricenses tomaran más conciencia de la necesidad de medir sus gastos y ajustarlos a su presupuesto, incluso incorporando el hábito del ahorro.
No garantiza un crecimiento sólido y sostenible en este sector el endeudamiento descontrolado de la población a altas tasas de interés.
Por el contrario, se necesita un consumidor maduro, capaz de medir su capacidad de pago y definir prioridades en materia de consumo. Esta característica en una población permite proyectar acertadamente el crecimiento.
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