Enviar
Jueves 3 Diciembre, 2009

Un presupuesto que olvidó a la gente

Un presupuesto es un instrumento para el desarrollo de un país, diseñado para permitir que se concreten las prioridades de un gobierno. Es una herramienta de desarrollo, pero el presupuesto que presentó el Gobierno de Arias Sánchez para el próximo año, no tiene características de planificación ni visión de futuro. Arias se olvidó de la gente, pensó simplemente en un cumplir con el mandato constitucional y administrativo, un presupuesto que mantiene los problemas estructurales, equivocaciones y yerros, esa es la respuesta que da al pueblo, un gobierno ocurrente.
Durante las últimas semanas se han escuchado intervenciones y noticias con relación al presupuesto de la República. Algunas sobre las bondades y maravillas, pintándolo como la panacea que lo soluciona todo. Otras, principalmente aquella oposición, que nunca ha estado en el gobierno, lo han criticado y han dicho que está lleno de defectos y ambigüedades.
Hace casi tres años, cuando el ex vicepresidente Casas presentó el Plan Nacional de Desarrollo, diputados del PAC se levantaron a defenderlo, aplaudieron su brillante exposición académica, a pesar de que se resumía en una clarísima renuncia al análisis de fondo de la reforma del Estado costarricense.
La Administración Arias renunció a entrarle a la reforma del Estado, don Oscar olvidó las promesas de su campaña electoral, y hoy recordamos que le dijo al pueblo costarricense, que muchas cabezas estaban pensando y trabajando en soluciones para los problemas más apremiantes de nuestra sociedad.
Problemas en salud, educación, vivienda, y por supuesto, seguridad. Cuarenta meses después de asumir la Presidencia los y las costarricenses seguimos esperando las soluciones y en el análisis de su último presupuesto, no queda más que reconocer que esta administración se olvidó de la gente.
El legado que esta administración le deja a la sociedad costarricense es un faltante de 40 mil ayudas de “Avancemos”. Liberación Nacional y sus diputados hablan de las bondades de un programa que resulta ser una copia renovada del bono escolar de la administración Calderón o del proyecto “Superémonos” del gobierno Rodríguez Echeverría, iniciativas que por mezquindad política fueron borradas del mapa.
Un gobierno administrador de sueldos, deuda interna y transferencias.
El Gobierno nos presenta en este presupuesto de ¢5 billones, un 16% de incremento respecto del monto autorizado a agosto de este año, que no se refleja en la situación del país. Retrocedemos en cuanto a la contención del gasto y profundizamos más en la vía peligrosa del endeudamiento interno, pues atender la deuda interna va a representar un 40,6% del presupuesto global.
Los gastos para pagar la planilla de más de 120 mil trabajadores, representan el 29,8% de este presupuesto. Las transferencias corrientes con las que se financian los regímenes especiales de pensiones, el sector educación superior, instituciones como el IMAS, el PANI, DESAF, la CCSS, el IAFA, entre otras, consumen un 28,7% de los gastos totales, pero únicamente un 1,8% se destina a la formación de capital, adquisición de activos, e inversión pública. En resumen, el gobierno solo administra sueldos, deuda interna y transferencias.
Debo reconocer algunas cosas buenas en este presupuesto como la capacitación a los y las educadoras, con un programa específico, el 552, y un instituto creado para tal efecto. Logró, este gobierno, copiar las políticas socialcristianas que han estado centradas en la educación.
El principal problema sigue siendo la inseguridad, con la inversión más baja de la región, según lo destacan los medios de prensa. Y es una factura muy cara si de atracción de inversiones se trata, pues los propios inversionistas temen asentarse en el país.
Responsablemente, no le podía dar mi voto positivo a este proyecto de presupuesto de la República, porque este presupuesto se olvidó de la gente.
¡No merece un voto de confianza!

Jorge Eduardo Sánchez Sibaja
Diputado