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El proceso exportador, que debería seguir su ruta, tendría que ser complementado con el impulso a la producción para consumo interno, con los adecuados y suficientes encadenamientos en ambos casos, que permitan no solo la generación de puestos, sino también ir cerrando la brecha entre ricos y pobres mediante un empleo de calidad


Un paso adelante

El modelo económico que llevó a Costa Rica a centrar la atención y no pocos recursos públicos, en las exportaciones y en la atracción de inversiones directas, ha dado buenos resultados, especialmente para el sector exportador en los últimos 30 años.
Las ventas en mercados externos crecieron con gran dinamismo y últimamente se tomaron acciones para diversificar, ampliando las oportunidades de venta de los productos nacionales en otros países.
Sin embargo, este proceso, que puede continuar, debe contar con nuevas estrategias tanto para dar valor agregado a los bienes de exportación, lo cual requiere innovación, como para descubrir pequeños mercados a los cuales Costa Rica pueda abastecer en forma continua una vez colocado con éxito algún producto.
En esa tarea, de explorar pequeñas plazas en otros países —ya no solo Estados Unidos— pueden y deberían emplear esfuerzos, por ejemplo, funcionarios de Procomer residentes en el exterior, entre otros, en auxilio a ciertas pymes que podrían estar en buenas condiciones para producir con competitividad, pero sin posibilidades de viajar a descubrir mercados.
Son ellos, los funcionarios residentes en el exterior, quienes están en condición privilegiada para estudiar gustos y hábitos de consumo de poblaciones que podrían aceptar con agrado alguno de nuestros productos.
Una pequeña localidad, en algún lugar del mundo, por su cultura y forma de vida, podría convertirse en consumidora de algún producto elaborado en Costa Rica, de alto valor agregado.
Es a esto a lo que más deberíamos aspirar puesto que la producción y venta masivas, de grandes volúmenes y a bajos precios, las realizan los países como China, por ejemplo, entre otros.
Para todo esto, es necesario quizá que las empresas exportadoras acudan a contratar los servicios de personas con capacidad de imaginación y graduadas en las nuevas carreras, como las relacionadas con la innovación tecnológica, diseñadores y gestores ambientales.
Los primeros porque imprimirán la innovación y el diseño a los productos y a su presentación, y los segundos porque su especialidad permite lograr los estándares de respeto al ambiente que exigen hoy muchos países, además de aportar prácticas que significan bajar costos de producción.
Este proceso exportador, que debería seguir su ruta, tendría que ser complementado con el impulso a la producción para consumo interno, con los adecuados y suficientes encadenamientos en ambos casos, que permitan no solo la generación de puestos, sino también ir cerrando la brecha entre ricos y pobres mediante un empleo de calidad.

 

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