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Jueves 4 Junio, 2015

¿Un mundo feliz?

Cuando Aldoux Huxley escribió el libro “Un mundo feliz”, con toda seguridad, como visionario que fue, no se sorprendería al comprobar que muchas de sus ideas futuristas se han hecho realidad en el siglo XXI, algunas de ellas con sus pros y sus contras.
Usando el libro como contrapunto, las aceras de Tibás y Santo Domingo de Heredia son ejemplos de la “modernidad” al servicio de la masa impensante y programada más que a la razón y la simplicidad.
Acostumbro correr, de manera aficionada, pero al igual que muchos corredores y transeúntes prefiero usar la orilla de la calle en lugar de las aceras, lo cual me ha causado ciertos inconvenientes, como el recibir improperios de los choferes, pitazos, gritos, gritotes y más. Tal vez con justificada razón.
Siendo así, la pregunta que salta a la boca es entonces, ¿por qué lo hacemos? La respuesta desde mi punto de vista es simple, las calles están, paradójicamente, mejor que las aceras y correr o caminar por una acera de cualquiera de estos dos cantones se convierte en algo peligroso, al punto que preferimos “torear” los carros.
Es insólito que tengamos calles planas, sin huecos ni deformidades, que pareciera son para proteger nuestros carros, pero que tengamos aceras con huecos, desniveles, gradas, peraltes inadecuados y demás, que impiden correr con seguridad (lo cual no es tan crítico), e impiden el tránsito seguro de peatones de todas las edades, pero en especial, adultos, sillas de ruedas y personas con lesiones.
Ahora que está tan de moda la diversidad y la igualdad, ¿no deberíamos preguntarnos si estará la mecanización y modernización, tal como predijo Huxley, convirtiéndonos en seres autómatas?, poco pensantes y poco prácticos donde el valor de las cosas está invertido, donde la tecnología y los avances están al servicio de la comodidad, lo material y pasajero, más que sirviéndole a lo más importante que existe sobre la tierra, el ser humano.

José Arias Álvarez
Ingeniero
Santo Domingo de Heredia