Enviar
Martes 22 Diciembre, 2009

Un impuesto felino

Como es costumbre cultural, en este momento —el último— los agentes económicos han tomado conciencia de hacer sus declaraciones del impuesto que es preferible llamarle “impuesto solidario”, en lugar de la connotación “lujo”, que este tiene en su largo título. De momento la preocupación de la gran mayoría es cómo salir de la primera declaración de este impuesto, ya que el proceso de declaración requiere entendimiento especializado, así como tratar de pagarlo en tiempo, sea antes del 31 de este mes.
Lo primero es aconsejar pasar de la preocupación a la acción, siendo este el estreno de orden interactivo de los contribuyentes con el concepto revolucionario de la tributación digital. Cumplida esta fase, podemos ver en este impuesto, por su construcción y tarifa, en particular en términos comparativos con impuestos de análoga naturaleza, en el derecho comparado internacional, la cara felina del impuesto, es un gatito inofensivo.
No podemos dejar de advertir el carácter estratégico del impuesto, para que no tome por sorpresa a nadie, la verdadera trascendencia que este comporta. El titular del bien cuyo activo, vivienda, supere los ¢100 millones, debería estar en capacidad de responder la siguiente pregunta: ¿tiene o no una fuente fiscalmente justificada del origen de dichos fondos? Dependiendo de la condición del contribuyente en particular, la capacidad de respuesta evidentemente varía, no en vano, se han puesto en marcha en países desarrollados procedimientos de regularización y actualización tributarias, las cuales, aparte de los efectos recaudatorios inmediatos, tienen como ventaja convertirse en la dignificación de la entrada a una nueva era de carácter tributario, donde quienes tengan como respuesta, no —una importante cantidad de los casos— tendrían una accesibilidad que les permita optar para que el lado felino del impuesto no se convierta en un tigre feroz. Que no nos coma el tigre, al menos no sin preaviso.

Carlos Camacho Córdoba