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Viernes 21 Noviembre, 2014

Solo una catástrofe inminente los hará poner de lado sus agendas personales


Un Estado al borde de la quiebra

A los costarricenses se nos olvidó uno de los postulados básicos de toda democracia como mecanismo de organización social: el Estado existe para el bienestar del ciudadano y su existencia depende del financiamiento recibido de la clase productiva.
La comisión de hacendarios en la Asamblea Legislativa demostró que sí se puede reducir el gasto. Sí hay despilfarros que detener y sí hay puestos que sobran.  El Presidente tiene una encrucijada: o baila con un sector que lo llevó al poder, es decir, los empleados públicos, o baila con una causa más grande, más duradera e ilustre. Esa causa es el futuro del país.
He ahí el dilema entre el aumento de los impuestos o la erradicación del gasto público superfluo.
No es justo culpar a don Luis Guillermo por los males acumulados al día de hoy como pretenden muchos, pero sí es justo y necesario exigirle un compromiso más altruista y menos políticamente calculado.
Hoy tiene en sus manos un gran respaldo popular, incluso los ciudadanos con una ideología más libertaria lo apoyarían si pone en cintura a las instituciones públicas. La mejor maniobra política y económica del Presidente es reducir el gasto público para liberar las tensiones que tienen relegada la inversión privada en la generación de puestos productivos. Conjuntamente, debe buscar una reforma de la legislación laboral para que la contratación sea más flexible y los empleadores posean una mayor libertad para atraer trabajadores. De esta forma se mitigarían los efectos de la contracción estatal. Si el Sr. Presidente opta por aumentar los impuestos, la vía fácil en el corto plazo, va a empobrecer al país y perpetuar el problema actual.
El mayor miedo del Gobierno es quedar al borde de la quiebra: no tener recursos para pagar salarios, costos operativos y ni se diga, las horas cobradas mientras los huelguistas ilegales se manifiestan. Este miedo debe ser solo del Gobierno y de los empleados públicos. Los trabajadores y ciudadanos que mantienen el sistema no deben temer este escenario.
¿Cuál es el punto? A raíz de la imposibilidad de llegar a acuerdos entre partidos, la mejor situación que puede enfrentar el país es un Estado sin fondos.
Ahí los políticos y grupo sindicales se darán cuenta de quién paga la fiesta y quién tiene derecho a fiscalizar el gasto. Ahí comprenderán lo que significa que el Estado no es un fin en sí mismo y el tono de sus negociaciones, sin duda alguna, cambiará. Tendrán que priorizar el gasto, escoger cuáles instituciones rescatar y cuáles cerrar.
En medio de una agenda partidaria tan fuerte, defendida por diputados sin visión a largo plazo, solo una catástrofe inminente los hará poner de lado sus agendas personales.
Es sabido que los seres humanos saben unirse frente a una amenaza común y relegan a un segundo plano sus diferencias para evitar una calamidad.
No obstante, está por comprobarse si nuestros representantes son lo suficientemente patrióticos como para olvidarse del cálculo político y enfocarse en rescatar nuestro país.


Andrzej Baranski Madrigal

Candidato a Ph.D. en economía de Ohio State University. Especializado en economía política experimental y organización industrial

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