Enviar
Viernes 13 Enero, 2012

Un enfoque sobre nuestro desarrollo sostenible

Ya lo decía Juan Pablo II que se debía respetar el orden establecido por la naturaleza, buscar un nuevo espíritu de solidaridad, revisar nuestros estilos de vida, y reconocer que la solución a las crisis es responsabilidad de todos.
Ya es hora que dejemos de estar denunciando (salvo casos especiales) todo en materia ambiental. Hay que presentar alternativas viables que permitan alcanzar un verdadero desarrollo sostenible, tomando en cuenta lo social, lo económico y lo ambiental; en un país pobre como el nuestro (pobre mentalmente, porque tenemos riquezas que nos pueden hacer un país desarrollado).
Es oportuno que definamos el rumbo y el desarrollo que deseamos y necesitamos. Queremos una conservación ambiental a ultranza, criticar, denunciar y paralizar obras de desarrollo, o queremos iniciar un despegue hacia un modelo que nos permita equilibrar la conservación con el desarrollo. Un modelo que proteja el ambiente, pero sin olvidarse del derecho de los pueblos a desarrollarse y de sus necesidades sociales y económicas.
Para lograr el verdadero rumbo, que favorezca al país y no a grupos en particular, es importante que los gobiernos reconozcan que no se debe orientar una política ambiental solo hacia un sector (por ejemplo, el de biodiversidad), dejando problemas ambientales que son vitales en la vida de los ciudadanos como lo relacionado con la contaminación de aguas, los desechos, el uso de agroquímicos, etc.
También, debe evitarse tanta disgregación en la atención de los problemas ambientales, tanto a nivel público como privado. No hay un liderazgo ambiental que oriente las prioridades del país en la materia.
A nivel legislativo tampoco existe liderazgo, ni rumbo. Es bueno el control y la denuncia ambiental en el parlamento, pero se deben presentar alternativas y leyes que nos preparen para enfrentar el futuro.
Los asuntos ambientales no deberían tener bandera política; deberían aprobarse entre todos para beneficio de las actuales y futuras generaciones. El tema ecológico no se debería utilizar como trampolín político sin conocer las necesidades ambientales del país, sin conocer las interrelaciones sociales y económicas que se dan con lo ambiental.
Los ciudadanos tienen derecho a un desarrollo sostenible. Pero para ello deben estar bien informados, capacitados y educados; hay que brindarles las alternativas para alcanzar ese desarrollo sostenible, del cual no debe ocuparse solo el sector gubernamental. Es también responsabilidad de la empresa privada participar en la búsqueda de soluciones.
Se deben resolver problemas sociales y económicos apremian a los ciudadanos, pues están íntimamente relacionados con el deterioro ambiental.
¿Acaso no es el momento, para una concertación ecológica entre los sectores productivos y ecológicos (Gobierno, empresarios, grupos ambientales, sociedad civil), de un verdadero plan ambiental país y se le de continuidad en el tiempo? Necesitamos un nuevo espíritu ambiental que recorra nuestro territorio, que trascienda los límites espaciales y temporales, de este frágil país.
Desarrollo y la conservación ambiental pueden y deben coexistir. No son excluyentes.

Alexander Bonilla Durán