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Martes 21 Diciembre, 2010


La expresión “un día d’estos” tiene intrínseca la unidad del tiempo. La usamos para acabar un tema o conversación de manera elegante, dejando una pequeña esperanza de que lo “prometido” sucederá

Un día d’estos

Antes de hacer mención de este término tan tico, al cual “A lo Tico” le dedicó un capitulito, quiero agradecerles profundamente a los distinguidos señores y columnistas de LA REPUBLICA, licenciados Alberto F. Cañas y Tomás Nassar, por sus recientes comentarios al susodicho libro. De verdad, me siento muy halagado y honrado. También quiero darle las gracias a don Abel Pacheco por sus exquisitas columnas Parlatica, que son un valioso aporte al lenguaje e idiosincrasia costarricenses.
La expresión “un día d’estos” tiene intrínseca la unidad del tiempo. La usamos para acabar un tema o una conversación de una manera elegante y educada, dejando en la otra persona una pequeña esperanza de que lo “prometido” sucederá, aunque no hay ninguna promesa firme de por medio. Por ejemplo: “Un día d’estos te llamo p’ir a tirarnos unas birritas”, “un día d’estos le traigo unas naranjas de la finca”, “un día d’estos le presento a mi novia”.
Es más, suena más lindo que “no tengo tiempo”, ¿verdad? Además, “no tengo tiempo” es un término absolutamente absurdo. Porque si hay algo que tenemos desde el momento en que nacimos, es tiempo. No sabemos cuánto más, pero mientras tanto, lo tenemos. El tiempo definitivamente no lo tendremos a partir del momento en que nos morimos.
Cada vez que le decimos a alguien “no tengo tiempo”, es porque le asignamos prioridades a nuestro tiempo… porque se supone que estaremos en el trabajo, porque ya nos invitaron a una cena, porque estaré fuera de la ciudad, porque no me dan ganas, porque le destiné ese espacio a la lectura de un excelente libro o al deporte, etc. Pero tiempo… sí tendría.
Hay algunos que ya no dicen “no tengo tiempo”. Dicen: mi agenda está full. ¿Ustedes se han dado cuenta cuán rápidamente se abren espacios en nuestras agendas, hasta abismales, cuando surge una oportunidad que capta nuestro entero interés, ya sea por lo profesional como por lo personal? Por ejemplo, cuando en pocas horas debemos ir a un funeral. O demos el caso, que ya tengo programada una cena pa’l jueves (puede ser hasta muy importante). De pronto viene alguien y me dice que esa noche me puede llevar a un evento fuera de lo común, donde tendré la oportunidad de conocer personalmente, en un círculo muy reducido de personas, a una personalidad que admiro, ya sea de Hollywood, del ámbito musical, de lo que sea. Diay, lo primero que muy probablemente haré es agarrar el celular y cancelar la cita de la cena, probablemente diciendo que “no tengo tiempo”, en lugar de ser honesto y decir por qué prefiero ir a ese evento que a la cena (cosa que casi cualquiera entendería, hasta envidiaría).
O sea, sí hay tiempo. Lo que hacemos es que le asignamos a nuestras prioridades su tiempo… porque, no importa lo que seamos y hagamos en este mundo, tenemos en común el tiempo y las agendas, ambos con 24 horas al día y 365 días al año. Un día d’estos, si me encuentro una agenda más gruesa, les aviso. Feliz Navidad.

Alf Giebler - Consultor
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