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Los esfuerzos que se puedan haber hecho durante el último año para mejorar el exceso de lenta burocracia, fueron un fracaso

Un clamor desatendido

Costa Rica ha empeorado un poco en la valoración que se hace para ver facilidad o trabas en los trámites para iniciar negocios. Los esfuerzos que se puedan haber hecho durante el último año para mejorar en ese sentido han fracasado, de acuerdo con una nota publicada en este medio ayer.
Los empresarios comprueban esta realidad continuamente y la gente, en sus trámites personales, vive los mismos retrasos y pérdidas de tiempo. Todo va en detrimento del clima para negocios, de la economía y en general de la calidad de vida de los ciudadanos que guardan constantemente el mal sabor del valioso tiempo perdido y, en no pocas ocasiones el de haber tenido que abandonar el intento cansados ante la multiplicidad de trabas.
Las regulaciones son necesarias. Pero debe haber una valoración adecuada de experiencias, una implementación de sistemas óptimos y una educación y comunicación pertinentes para que el conjunto produzca una sinergia capaz de aligerar todo con mecanismos fluidos.
No hemos visto desarrollarse lo anterior y ni siquiera hemos podido obtener una explicación al respecto por parte del Ministro de Competitividad.
Este no es un tema nuevo. Por el contrario, es recurrente en la vida empresarial y en el accionar general en Costa Rica. Sin embargo, ni los empresarios con sus razonamientos y clamores, ni la población con su constante queja ante permisos a que esto les obliga en sus centros de trabajo y desatención de sus hogares, han podido convencer a las administraciones (pasadas y presente) de la necesidad de tomar en serio la urgencia de generar un cambio en las oficinas públicas que atienden estos trámites.
Costa Rica tiene urgencia de contar con un Estado profesional, eficiente, honesto y transparente, verdaderamente al servicio de la gente que, de lograrse, produciría un salto cualitativo en muchos aspectos, con consecuencias positivas sobre muchos otros.
Es necesario volver a tener a un sector público con funcionarios muy capaces, bien remunerados, que den un alto rendimiento en su trabajo y que se sientan orgullosos de cumplir, con ese esmero y eficiencia, una función vital para la marcha del país.
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