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Sábado 3 Mayo, 2008

Un presidente suprapartido


Parece oportuno hacer un análisis de la actualidad política nacional luego de diversos eventos tan significativos que han acontecido durante la actual administración del doctor Oscar Arias Sánchez como presidente de nuestro país.
Se dice con insistencia que el gran error de un político —no de un estadista— consiste en gobernar para complacer segmentos y coyunturas, en busca de una popularidad que fácilmente se puede diluir —gobernar para la tribuna— dejando de lado los cambios profundos que requiere una sociedad que se precie ser de vanguardia. Esto lleva a muchos gobernantes a preocuparse más por las opiniones que por las actitudes, cuando es consabido que las primeras varían subjetivamente en cualquier momento ante incentivos muchas veces irracionales, mientras que las actitudes conllevan un cambio profundo en la interpretación y las acciones sobre las políticas públicas. Es claro que sobre este último aspecto el presidente Arias ha acentuado su discurso y acción, es uno de sus ejes centrales.
Si una virtud resalta en el señor Presidente es su estilo suprapartido, pues no solamente la definición de sus políticas públicas lo definen como tal, sino que la misma selección de su gabinete así lo evidencia, no solo manteniendo figuras y proyectos del gobierno anterior, sino incorporando al trabajo a miembros de otros partidos que fueron adversarios en la campaña electoral.
Tanto en su anterior gobierno como en el presente, don Oscar ha demostrado que cuando de tomar decisiones se trata, las valora más allá de la miopía minimalista de un partido político, su visión trasciende. Esto le ha permitido irse granjeando adeptos en los seguidores de diversos movimientos, a pesar de que las lealtades partidistas en muchas ocasiones le impiden obtener el apoyo en bloque de otros partidos en la Asamblea Legislativa, que además carecen de liderazgos naturales.
En el actual marco de pluripartidismo fragmentado, que muchos quisieron obviar durante el proceso del referéndum al TLC —inclusive pretendiendo que la unión de partidos y grupos de interés por un tema en particular iba a trascender posteriormente a este— una buena comunicación política es clave y le podría permitir al Presidente tentar a diputados de otros partidos a que lo apoyen en determinados proyectos, haciéndolos comprender la diferencia entre disciplina de partido y lealtad nacional.
Esta visión suprapartido del Presidente le permite desafiar a coaliciones o partidos políticos “atrapalotodo”, que se acomodan a las coyunturas en aras de cautivar adeptos en temas específicos, más preocupados por las opiniones que por las actitudes. Más aún cuando estas agrupaciones cometen el error de menospreciar la inteligencia del ciudadano, que tarde o temprano se da cuenta del acontecer político.
En estos momentos no se puede cuestionar el respaldo popular que mantiene la gestión presidencial, que sin dudarlo, con un cambio importante en la concepción de la comunicación política sectorial —es tal vez pronto para decirlo, pero en este tipo de análisis el riesgo hay que correrlo— se podría fortalecer y ser visualizado por los ciudadanos como un gobierno para ocho años. Así las cosas, y si los logros lo respaldan, seguramente el Partido Liberación Nacional seguirá por un período más en el gobierno, sin embargo, la figura presidenciable deberá salir del actual gabinete más que de las estructuras partidistas, pues sería la única manera en que el ciudadano lo identifique y lo vote como la continuidad de una gestión exitosa, por lo que es momento de estar atentos a qué figuras empiezan a descollar en el gobierno del doctor Arias Sánchez.
Por su parte, opositores al gobierno pierden el tiempo preocupados innecesariamente por descubrir quién tiene el poder en la Casa Presidencial. En vez de evaluar que una de las fortalezas con que cuenta el Presidente para la labor desarrollada a la fecha es el papel dado al ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias. Quien a la usanza europea nos ha acostumbrado a la importancia de un Ministro del Interior o un Primer Ministro, pues juntos han entendido el pensamiento de Corneille de que “no todas las clases de gobierno son adecuadas para todos los climas”.

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo