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Un paso para América Latina

La imagen que recorrió el mundo este fin de semana y que sin duda ha quedado para la historia, muestra a los presidentes Barack Obama, de Estados Unidos, y Hugo Chávez, de Venezuela, dándose un apretón de manos. Esta conlleva un trasfondo de gran relevancia para el hemisferio occidental, y más especialmente para América Latina.
El hecho representa más que un simple saludo o el regalo de un libro (no coincidentemente titulado “Las venas abiertas de América Latina”) al mandatario estadounidense.
Significa el fin de casi una década de distanciamiento propiciado por el gobierno republicano de George W. Bush, más interesado en sus procesos bélicos y en las relaciones con el resto del mundo, que en la armonía y colaboración con sus vecinos más cercanos. Representa el primer paso para que la voz de América Latina pueda volver a ser escuchada y tomada en cuenta con la importancia que se merece.
Esta fue la gran conclusión a la que han llegado prácticamente todos los asistentes a la Quinta Cumbre de las Américas realizada en Trinidad y Tobago, la cual logró —por primera vez— una declaración consensuada, incluso por países como Venezuela, Nicaragua y Bolivia, los cuales siempre han mostrado voces más disonantes.
Hasta ahora, el nuevo gobierno demócrata de Estados Unidos ha cumplido la palabra: ha escuchado.
Pero a partir de ahora es cuando debe demostrar cuán dispuesto está a cambiar.
Las primeras muestras las dio Obama en la propia Cumbre. Habló de la diversidad política de la región y mencionó proyectos específicos de cooperación con Brasil, Chile, México y El Salvador.
Pero su primer gran reto para la región será sin duda la eventual reincorporación de Cuba a los foros interamericanos, entre ellos la Organización de Estados Americanos y a las cumbres de las Américas, sobre lo cual existe una gran presión del resto de naciones.
Un segundo reto, el cual representa una exigencia casi al unísono de las naciones latinoamericanas, tiene que ver con la inversión. Estados Unidos debe retomar y aumentar los flujos de inversión en cooperación y a organismos regionales, como por ejemplo el Banco Interamericano de Desarrollo.
El tercer y último reto implicará la habilidad para mantener un diálogo permanente con una región disímil.
Se debe, en este caso, buscar un consenso antes de pensar en retomar el tema de un área de libre comercio, o incluso plantearse la posibilidad de encontrar alternativas que en lugar de cultivar discordia y molestia, siembren la semilla de la paz y la tranquilidad entre los países latinoamericanos.


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