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Martes 3 Junio, 2008

Un “no” como respuesta


Se hace cada vez más común que al contestar el teléfono, al otro lado de la línea haya un trabajador de una compañía que previamente ha averiguado sus datos personales, sus ingresos y su nivel de endeudamiento, y ha estimado oportuno ofrecerle tarjetas de crédito, tiempos compartidos, planes vacacionales “sin costo” y otras maravillas similares.
Lamentablemente para ellos, un importante grupo de potenciales clientes optamos por rechazar cualquiera de estas ofertas, sin embargo, sus empleadores los obligan a no aceptar un “no” como respuesta.
La insistencia de quieres llaman (sus ingresos dependen de la cantidad de personas que convenzan) ocasiona que los clientes cedan, o bien, que se enfaden con ellos y finalicen las conversaciones de manera poco amistosa.
Esta modalidad de venta trae consecuencias adversas para ambas partes: quienes son el blanco de este sistema se sienten violentados por la libre disposición de su información personal, coaccionados a aceptar la compra y, muchas veces, estafados con el producto final.
Por la otra parte, un importante grupo de estos telefonistas son maltratados tanto por empleadores como por quienes no muerden el anzuelo; muchos de ellos se sienten las puntas de lanza de una maquinaria de persuasión y engaño.
Lo anterior es reflejo de nuestra sociedad moderna de consumo, donde ya no importa lo que yo necesito (o creo necesitar) sino lo que otros tratan de convencerme que necesito.
Por mi parte quisiera recuperar la libertad de decidir sobre mis necesidades; que todos tengamos la información completa y veraz de lo que nos venden y que no nos traten de hacer sentir culpables si no queremos participar en este juego de ardides.

Rafael León Hernández
Psicólogo