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Miércoles 5 Noviembre, 2008

¿Un gobierno neoliberal?


Hace algunos meses escuché por televisión un discurso de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, en el que afirmaba que su intensa agenda de políticas sociales representa la seña de identidad más inequívoca de un gobierno socialista.
Al mismo tiempo señalaba que para seguir incrementando las políticas sociales y de frente a la realidad de la globalización económica y el cambio tecnológico, era necesario hacer una economía que pueda crecer, innovar y mejorar. Hizo énfasis al señalar que aumentar las pensiones es ser socialista, que ejecutar acciones tendientes a mejorar la educación es ser socialista y que realizar programas para facilitar el acceso a la vivienda es ser socialista.
El socialismo democrático de hoy día, principalmente en Europa, ha asumido la economía de libre mercado y la competencia como motor de riqueza, pero los partidos políticos y sus líderes han sabido encontrar áreas de diferencia que den sentido a lo que debe entenderse en una sociedad moderna como “ser de izquierdas”. Una de esas áreas diferenciadoras lo constituye el énfasis en lo social de los partidos y gobiernos socialdemócratas.
En Latinoamérica, algunos líderes mantienen una actitud retrógrada, con un discurso trasnochado y con incendiarias proclamas de revolución social; los que han accedido al poder nacionalizan medios de producción, evidenciando un concepto de socialismo ya superado, generando conflicto político y más pobreza en sus países.
En el nuestro, algunos grupos de izquierda y unos cuantos políticos frustrados, cotidianamente atacan al gobierno y al presidente Arias acusándolo de neoliberal, por su apoyo al TLC y al rompimiento de los monopolios estatales en el campo de las telecomunicaciones y los seguros.
Sin ruborizarse siquiera, quienes otrora basaban su acción política en feroces ataques a los partidos que dominaron la escena política en la segunda mitad del siglo XX y a su gestión de gobierno, hoy se rasgan las vestiduras y se autodefinen defensores del Estado del Bienestar que esos partidos contribuyeron a construir.
Es entendible —por ser esta su única razón de ser— que algunos dirigentes de la izquierda radical y algunos sindicalistas hagan este tipo de críticas, pero es incomprensible y paradójico que las hagan otros que han sido copartícipes de gobiernos menos progresistas que el actual y que al desempeñar responsabilidades políticas han tenido un comportamiento moderado, muy diferente a su discurso actual.
Pero dejando de lado su falta de autoridad moral, podemos afirmar que sus ataques no tienen sustento. Contrariamente a lo que estos grupos pregonan, la gestión del actual gobierno no se ha limitado a impulsar y lograr la aprobación del TLC, sino que ha desplegado una amplia acción en el área social, destacando el incremento del monto de las pensiones más bajas en más de tres veces, la ejecución del programa Avancemos para evitar la deserción de nuestros jóvenes del sistema educativo y el aumento de los recursos para vivienda de interés social. Todo ello tiene como resultado la extensión del Estado del Bienestar y son políticas como éstas las que hacen la diferencia entre el concepto socialdemócrata y el neoliberal.
Pero por si estas acciones no fueran elementos diferenciadores suficientes, podemos decir entonces que también en el campo fiscal las acciones del Gobierno se alejan del neoliberalismo. Su iniciativa para gravar con un impuesto a las casas de lujo, tiene una óptica progresiva y cuando el presidente Arias ha hablado de la necesidad de una reforma fiscal lo que plantea es que los que más tienen paguen más.
Estas son propuestas progresistas inspiradas por los principios de la social democracia que, al igual que las acciones en el área social, tienen como objetivo hacer una justa redistribución de la riqueza y mejorar la vida de los ciudadanos, principalmente de los más pobres.

Luis París Chavarri
Analista político