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Miércoles, 19 de diciembre de 2018



GLOBAL


Turistas llegarán a Juegos Olímpicos con un Brasil en crisis

Bloomberg | Martes 14 junio, 2016

Brasil no es el primer país que organiza los Juegos Olímpicos en medio de un hervidero de caos, Rusia, México y Corea del Sur forman parte de ese club. Shutterstock/ La República.


 Cuando Río de Janeiro ganó en 2009 los derechos para ser sede de los Juegos Olímpicos, Brasil planeaba un bombardeo de proyectos para exhibir hasta dónde había crecido. Pero cuando los turistas comiencen a llegar en dos meses para asistir a los juegos, lo que estará a la vista no será lo mejor de Brasil, sino el descalabro.
Se suponía que el puerto lleno de aguas residuales que los visitantes pasarán en el camino desde el aeropuerto y el lugar donde se montarán los eventos de navegación de los Juegos Olímpicos sería una bahía limpia y resplandeciente.
La nueva línea de metro que irá desde el coqueto barrio de la playa de Ipanema hasta los juegos funcionará, en el mejor de los casos, con un horario limitado, comenzando a operar apenas cuatro días antes de la ceremonia de inauguración. ¿Y qué pasó con los equipos modernos que recibiría supuestamente la policía para mantener a salvo a los viajeros? Un alto funcionario dice que nunca llegaron.
“Cuando miramos los documentos de la licitación de 2009, los Juegos Olímpicos fueron pensados y promocionados sin duda como una manera de mostrar a Brasil como esa democracia próspera y esa economía floreciente”, dijo Jules Boykoff, autor de un libro sobre la historia de los Juegos Olímpicos que tiene una visión crítica del legado de los grandes eventos deportivos. “Siete años hacen una gran diferencia”.
Para ser justos, prácticamente todos los estadios y obras de infraestructura por valor de $11 mil millones que se están construyendo previo a los Juegos Olímpicos estarán listos a tiempo y, más allá de algunos adefesios y demoras en el transporte, la mayoría de los turistas ni se dará cuenta, probablemente, de todo lo que tendría que haber habido.
Pero el trabajo inconcluso es un indicador de un problema mucho mayor que perdurará mucho después de que los visitantes aborden sus aviones de regreso: el estado de Río está prácticamente en quiebra.
Quienes mejor lo saben son João Vitor da Silva y su padre, Rodrigo da Silva. Este niño flacucho de nueve años, vestido con una camiseta de Iron Man, es hemofílico, y les han advertido que los recortes en el gasto en salud podrían afectar los insumos de profilaxis, las inyecciones que impiden que João sufra una hemorragia cuando se lastima o se enferma.
“Si hay dinero para los Juegos Olímpicos, tiene que haber dinero para la salud”, dijo Da Silva, un ex operador de máquina elevadora de 34 años que está de baja médica.
Brasil no es el primer país que organiza los Juegos Olímpicos en medio de un hervidero de caos. (Rusia, México y Corea del Sur forman parte de ese club.) Aun así, el telón de fondo tumultuoso cuando comiencen los juegos el 5 de agosto es algo muy distinto de la imagen del centro neurálgico que los organizadores habían tenido en mente cuando se otorgaron los derechos de organización.
En este momento, Brasil se halla atrapado en una recesión aplastante y la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, fue alejada del poder en tanto enfrenta un juicio político por acusaciones de que financió ilegalmente el déficit fiscal.
El estado de Río incumplió pagos de deuda el mes pasado y está demorando los salarios de los empleados públicos después del derrumbe de los precios del petróleo, una de las principales fuentes de ingresos.
Y al menos seis empresas contratadas para proyectos olímpicos y otra infraestructura afín están paralizadas debido a las acusaciones de que pagaron sobornos para obtener lucrativos acuerdos de obras públicas.
Tres de dichas compañías las constructoras Queiroz Galvao SA, OAS SA y Andrade Gutiérrez SA, fueron responsables de un proyecto destinado a dragar cuatro lagunas contaminadas y sembrar 500 mil mangles en Barra da Tijuca, la base de operaciones de los juegos.
Pero el trabajo no estará listo debido a que los fiscales públicos solicitaron aplazamientos y luego el estado enfrentó limitaciones de efectivo, según la Secretaría de Medio Ambiente.