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Contaminación ambiental, sobreexplotación de los recursos y alta densidad ponen en jaque imagen de “Costa Rica sin ingredientes artificiales”
Turismo corre por rescatar eslogan

• El Programa de Bandera Azul Ecológica, las barridas ambientales y la reestructuración del Certificado de Sostenibilidad Turística surgen como iniciativas para crear un proceso de cambio
• Sector privado reconoce la necesidad de articular y unificar acciones para mantener reputación del país como un destino de naturaleza

Karen Retana
[email protected]

Costa Rica transita un camino contradictorio entre una imagen ecologista y la huella de impactos ambientales que deja la acción humana y que se ahondan por la falta de planificación en el uso del territorio.
Esto revela una tensión entre el crecimiento económico y la protección ambiental, pues a medida que se produzcan prácticas inadecuadas la rentabilidad y la reputación del país se ven comprometidas.
Por ello el sector turístico se encuentra inmerso en una carrera contra el tiempo para inyectar veracidad a su eslogan “sin ingredientes artificiales”.
La frase ha logrado calar a nivel internacional y posicionar al país como un destino respetuoso de la naturaleza. Sin embargo, esta atractiva receta se encuentra amenazada por la contaminación en las zonas costeras y la presión generada sobre las fuentes de agua a raíz del desarrollo inmobiliario desordenado, lo que provoca un debilitamiento en la capacidad de satisfacer la demanda eléctrica a partir de fuentes limpias.
Estudios científicos revelan vacíos de conservación para el resguardo de la biodiversidad y señalan “puntos calientes”, de gran riqueza natural, que no tienen ningún tipo de protección, como los golfos de Papagayo y Dulce, reveló el Decimotercer Informe Estado de la Nación en su capítulo Armonía con la Naturaleza.
La puesta en marcha de programas como la Bandera Azul Ecológica y las barridas ambientales impulsadas por el Tribunal Ambiental Administrativo viene a llenar parte de los vacíos en materia de conservación de los recursos.
Pero estos esfuerzos no son suficientes. Las autoridades de Turismo reconocieron la necesidad de seguir una estrategia hacia la sostenibilidad.
El modelo consiste en mantener productos y servicios turísticos de calidad de la mano con la conservación del ambiente y el bienestar socioeconómico.
Esta figura se convertirá en el caballo de batalla que permitiría diferenciar el producto turístico y mantener el liderazgo frente a la competencia internacional.
La iniciativa también cobra vigencia debido a la creciente llegada de viajeros interesados en elegir destinos que se preocupan por conocer el impacto que produce la actividad turística en el ambiente, la economía y en la sociedad.
En este sentido, prácticas como el reciclaje, el aprovechamiento de la iluminación natural para el ahorro de electricidad y la relación entre las empresas turísticas y la comunidad, se han convertido en variables que incluso determinan la decisión de visita al país.
“Existen grupos de turistas que quieren alojarse en hoteles con certificados de sostenibilidad y que desean conocer sobre las acciones que se realizan en este campo”, comentó María Amalia Revelo, gerente de Mercadeo del Instituto Costarricense de Turismo (ICT).
Uno de los instrumentos que apoyan este proceso es el Certificado de Sostenibilidad Turística (CST), programa que pretende la categorización y certificación de empresas de acuerdo con el grado en que su operación se aproxime a un modelo de sostenibilidad.
A la fecha, solo 88 empresas entre hoteles y tour operadores cuentan con esta acreditación, lo cual pone en evidencia la necesidad de fortalecer acciones que permitan una mayor conciencia y participación del sector turístico en prácticas ambientales.
Los retos que implica posicionar al país en esta materia han llevado a que las autoridades de Turismo inicien la reestructuración del programa, para dar abasto a una eventual demanda de compañías interesadas en obtener la certificación.
“Aunque el CST está dirigido a tour operadores y hoteles, se ampliará a otros sectores. Ya existen líneas de acción que se están implementando con un presupuesto asignado”, sostuvo Rosaura Monge, jefa del departamento de Sostenibilidad Turística del ICT.
Empresarios del sector privado reconocen la necesidad de articular y unificar acciones conjuntas para impulsar esta corriente.
Actualmente diversas cámaras, instituciones de gobierno y organismos privados del país promueven acciones de sostenibilidad, muchos de ellos de forma aislada.
“La única forma de diferenciar el producto turístico es pasar del discurso a los hechos. El reto de Costa Rica como destino es mantenerse a la vanguardia, pero sustentando sus acciones con datos y hechos concretos”, señaló Ronald Sanabria, director de Turismo Sostenible de RainForest Alliance, organización reconocida en temas de sostenibilidad en el mundo.
Esto quiere decir que si el país dirige su mirada hacia la sostenibilidad, es necesario documentar el impacto de la industria turística en la conservación de los recursos, la contribución del sector en el bienestar socioeconómico; así como las acciones realizadas en mejores prácticas para el tratamiento de desechos, indicó Sanabria.
Otros empresarios consultados por LA REPUBLICA consideran oportuna una mayor capacitación y asistencia a pymes, a fin de que el tema penetre tanto en las altas esferas de las empresas como en el resto de la organización.
“Costa Rica está evolucionando mucho y se puede considerar líder del tema a nivel regional. No obstante, hay carencias de apoyo estatal para impulsar e incentivar el avance del turismo sostenible”, aseguró Glen Jean Paul, propietario de Finca Rosa Blanca y pionero en desarrollo sostenible.
Para Jean Paul, una de las vías es la puesta en marcha de programas e incentivos estatales y financieros para motivar a empresas a iniciar un proceso de transformación de su actividad turística.





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