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Jueves 9 Marzo, 2017

Actualmente, Marie Le Pen tiene grandes posibilidades de ocupar la silla presidencial de su país según las encuestas

Trump no está solo

Trump no está solo. El nacionalismo vivido en Europa durante la primera mitad del siglo pasado, cada vez toma más fuerza y simpatizantes en el Viejo Continente. Si bien no poseen la misma estructura armamentística y bélica, aún conservan algunas de sus bases ideológicas. Países como Inglaterra, Ucrania, Polonia, Dinamarca, Francia y Alemania, acumulan un crecimiento importante de simpatizantes de la extrema derecha. Estos nuevos miembros no son bandas aisladas de jóvenes al margen de la ley como en la década de los setentas y ochentas, o como los jóvenes de las juventudes nacionalistas encargados de realizar la 'Crystal Night' en Alemania. Todo lo contrario, son partidos estructurados, se valen del nacionalismo para acceder al poder político sin importar las consecuencias que esta ideología genere en el imaginario colectivo de una sociedad determinada. Las campañas políticas y las consignas dirigidas a la sociedad civil europea, relacionan las diferentes problemáticas de esas naciones con la crisis migratoria; de ahí que se instaure un falso ideal en la población: controlando la inmigración se solucionarán las crisis sociales, o gran parte de ellas aunque no estén relacionadas directamente con ese fenómeno. Esto no necesariamente es un enunciado manifiesto, sin embargo, se mantiene latente dentro del discurso de aquellos partidos políticos. Se utiliza a estas minorías como una especie de chivo expiatorio.
El primer ministro húngaro Viktor Orban es presidente del partido Fidesz (Unión Cívica Húngara) de corte populista y nacionalista. Orban ha criticado a Merkel por su política de ayuda a los refugiados. Desde el año 2015, el gobierno húngaro inició una campaña publicitaria con mensajes llenos de consignas racistas y xenofóbicas. El partido Front National (FN) en Francia, dirigido actualmente por Marine Le Pen, se convirtió en una organización política de las más fuertes en Francia, ganando las primeras rondas electorales en 2015. Actualmente, Marie Le Pen tiene grandes posibilidades de ocupar la silla presidencial de su país según las encuestas. Este partido que representa Le Pen, ha sido cuestionado por sus tendencias de extrema derecha. En sus inicios se declaró abiertamente etnocentrista y antisemita por su fundador. Aunque han moderado su tono en las últimas décadas y Le Pen en un giro reciente ha dicho que expulsará a todos los miembros de su partido que expresen consignas antisemitas o a favor del boicot contra productos de Israel, sectores de la comunidad judía de ese país afirman que es solo es una estrategia para enfilar sus fuerzas hacia la inmigración de los países musulmanes y que los fundamentalismos con los que ese partido fue creado siguen estando presentes. En Alemania, en 2015, Henriette Reker, alcaldesa de Colonia, fue víctima de un ataque por motivos xenofóbicos: se originó por el apoyo de Reker a los inmigrantes sirios en Colonia. Reker fue apuñalada en el cuello por un hombre de 44 años defensor de las ideas nacionalistas de derecha. Otro hecho interesante, se relaciona con la literatura. Tras caducar sus derechos de autor, en el año 2015 volvió a ser publicado Mein kampf escrito por el extinto führe Adolf Hitler. Proyecto liderado por Christian Hartmann experto en historia militar en colaboración con el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich. Ese libro según la revista Der Spiegel, una de las revistas más importantes, fue declarado como el libro más vendido en Alemania durante ese año. No se puede pensar que todos los que compraron Mein kampf van a llegar a leer sus 2 mil páginas o que simpatizarán con su ideología; se pronosticaba que iba a ser solo adquirido por grupos de ultra-derecha, pero no fue así. Su primer tiraje fue de 4 mil ejemplares y se agotó rápidamente. Merkel ha tenido que soportar los constantes ataques, no solo de manifestantes en contra de su política de acogida a los refugiados, sino también de los políticos alemanes que han hecho que Merkel pierda poder y apoyo político. No se puede dejar de lado a Inglaterra. Con el Brexit, el partido de extrema derecha UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) liderado en su momento por Nigel Farage, obtuvo una gran victoria bajo consignas y campañas en contra de la acogida a los refugiados por la Unión Europea. Es claro, a todas luces que en Londres ganara el voto a favor de la permanencia de Gran Bretaña dentro de la Unión Europea: allí existe la mayor cantidad de inmigrantes de Inglaterra. Uno de los responsables de la salida de Gran Bretaña han sido las ideas en contra de la inmigración.
El caso de Europa es particular si pensamos en la primera mitad del siglo XX. Parece ser que las nuevas generaciones políticas han olvidado la Segunda Guerra Mundial que se libró en su mayoría en territorio europeo y destruyó no solo sus ciudades, también a generaciones de familias europeas enteras. Olvidaron también que el principal detonante que sumergió a Europa en esa crisis humanitaria fue el nacionalismo.
Al parecer para estos partidos de extrema derecha, no hay más opciones que sus políticas xenofóbicas, antimigratorias, para solucionar todas las contingencias que puedan tener sus actuales democracias: se vuelven reduccionistas en sus campañas y enunciados políticos. Para ellos no es necesario estudiar las posibles causas de las crisis humanas o revisar las políticas económicas de Europa respecto a los países en vías de desarrollo. Los partidos nacionalistas no se rigen por el análisis, sino por sus criterios definidos a priori: no más emigrantes, no más multiculturalismo.
De igual manera, Donald Trump se adjudicó la presidencia con posturas reaccionarias en contra de la inmigración a EE.UU. Su campaña fue abiertamente cargada de matices etnocentristas. El éxito de Trump se basa en la campaña publicitaria habitual de los partidos nacionalistas de presentar a las minorías como responsables directos o indirectos de las problemáticas sociales. La inmigración latina, la lucha contra el terrorismo, las guerras en el medio oriente, han hecho que un candidato como Trump —que en otro momento de la historia americana no hubiese sido tomado en cuenta en algún puesto político, ni si quiera el más irrelevante— ganara las elecciones utilizando estrategias preexistentes en el repertorio nacionalista, sacadas del armario por algunos de sus homólogos europeos.
Los problemas que enfrenta Europa actualmente, al igual que Estados Unidos, son multicausales y no tienen su génesis en el fenómeno de la inmigración. El mundo en que vivimos no es el mismo que el de hace 70 años, pero aún arrastramos vicios de aquel fatídico siglo. La historia demuestra que las premisas nacionalistas solo dejan pobreza y destrucción para sus militantes y para los pueblos que las acogen como propias. El nacionalismo no es ignorancia, como muchos hacen ver, es una filosofía estructurada que enfatiza que la felicidad, el goce será posible solo si los ciudadanos de un país tienen las características de su ideal, si todos son ciudadanos legítimos según su criterio. El racismo y nacionalismo no son lo mismo, pero están muy juntos, como dos hermanos, si se quiere como un padre y su hijo.
Por algunas décadas estos partidos estaban al margen de la escena política, se mantenían como una minoría, sin embargo, su reciente crecimiento indica que el tiempo ha debilitado nuestra memoria o nos ha convencido de que el mejor camino es el nacionalismo y su razón instrumentalizada.

Jorge S. Massey
Escritor, psicoanalista