Humberto Pacheco

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Martes 5 Febrero, 2008

Trotando mundos

Humberto Pacheco

Ha transcurrido ya una década desde que nos involucramos profesionalmente con una enorme empresa de la Europa Central, en lo que ha sido un enriquecedor proceso de aprendizaje que no termina, matizado a veces por situaciones humorísticas a lo interno de nuestro yo, producto de nuestra ignorante percepción de esa área del mundo. El jueves pasado, cuando el “jet” de nuestro cliente nos recogió en el aeropuerto de Zurich para trasladarnos al pequeño pueblo de Ostrava, vivimos de nuevo esa cómica situación pues nos imaginábamos que llegaríamos a un aeropuerto como el de Tamarindo y nos veíamos dando vueltas por encima de la pista enzacatada, ahuyentando las vacas.
La sorpresa fue grande —y grata— cuando nos recibió una pista el doble de ancha que la del Juan Santamaría, construida en concreto y probablemente mucho más larga, por lo que no pudimos menos que reírnos de nuestra torpeza. A lo anterior se sumó un moderno y bello edificio que de inmediato decidimos debería ser no menos que lo que se construya en Liberia, sí queremos dar al menos una pequeña semblanza de desarrollo.
El viaje de una hora en automóvil hasta la fábrica de acero, ubicada a tres kilómetros de la frontera polaca, fue siempre por impecables carreteras en las que, no obstante los inviernos que vive esa región, no tenían ni huecos ni tampoco imperfecciones en su asfaltado. Aquí los constructores no permiten que se diga que “el invierno ha dañado sus carreteras” porque saben que eso sólo sucede cuando quienes las hacen y los que las supervisan conspiran para defraudar al país.
La tercera pluma en la gorra de los checos de esa zona es la limpieza total que se observa en sus pueblos (no obstante la industria pesada en el que visitamos) y carreteras, rivalizando con la de Suiza y poniendo por contraste muy al descubierto el deterioro serio que ha sufrido la educación en nuestro país.
Aproveché este viaje para ponerme al día sobre algunos de los alarmantes eventos que se están dando en nuestro mundo en razón del terrorismo y de los desaciertos en la economía, la política y los derechos humanos. Por donde miremos hay algún problema que involucra opresión, violación flagrante de derechos humanos, conflictos militares ó económicos y tragedia.
En la columna de lo positivo, la valiente actitud de la Canciller alemana Angela Merckel en apoyo del Dalai Lama, en marcado contraste con la penosa actuación de los belgas hace pocos meses, nos llenó de satisfacción. La señora Merckel hizo de lado las amenazas y los aspavientos de los chinos, furiosos porque la Canciller tocó temas de derechos humanos sobre los cuales no quieren hablar, y se reunió a dialogar con su santidad.
Los chinos amenazaron a Alemania y suspendieron los contactos de alto nivel. Sin embargo, muy pronto echaron atrás ante la inmensidad de los montos económicos involucrados en la relación entre ambos países. Valiente dama y poderoso caballero don dinero.
En el lado de lo lamentable, los Estados Unidos siguen perdiendo aliados y credibilidad, precipitando una caída que no ha parado desde que un día su Presidente tuvo al mundo a sus pies en apoyo total, tras el 9-11, y decidió tirarlo por la borda por hacerse con el petróleo de Irak, desviándose del norte de esa gran nación.
De pronto, aliados como Polonia y Eslovaquia, originalmente apuntados al famoso escudo de misiles, ya no ven razón para este artefacto militar que, cada vez con menos carisma, trata de impulsar el Presidente americano, no obstante que en algunos casos la defensa preventiva tiene sus buenas razones. Es el resultado de políticas desacertadas que han causado grave daño a la economía americana y, sin duda, a la mundial.

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