Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 11 Septiembre, 2007

Trotando mundos

Lic. Humberto Pacheco

El señor Cónsul General cubano se rasga las vestiduras porque me referí a la dictadura de Fidel Castro como sangrienta pero no nos dice en qué derecho basó Fidel su intromisión en la soberanía costarricense con motivo del TLC. Tampoco, por supuesto, nos da explicación alguna de porqué los miles de prisioneros políticos de esa isla. No soy yo quien lo afirma, son los amigos europeos de Fidel que de tiempo en tiempo le piden que libere los presos políticos.
No tengo intención de debatir sobre hechos tan evidentes. Los historia me da la razón abrumadoramente. Sólo quiero hacer unos comentarios en beneficio de aquellos que no vivieron la época de esa revolución traicionada.
El Sr. Rodríguez nos da unas estadísticas de “elecciones” que se celebran en Cuba, atinentes a los puestos de su nomenclatura, sin explicarnos cómo ha hecho Fidel para llegar al medio siglo de “Presidente” de esa sufrida isla. Si un cubano quisiera escribir una crítica a Fidel, no podría hacerlo porque no existen medios independientes de prensa adonde hacerlo. Lo que es más grave aún, criticarlo está considerado traición a la patria y sería razón suficiente para que terminara en la cárcel.
Las elecciones que menciona el Sr. Rodríguez son parte de la mascarada que aprendieron de la vieja Unión Soviética, en la que dictaduras sangrientas como Rumania y Bulgaria, manejadas por torturadores de los servicios secretos, se hacían llamar República Democrática de esto o de aquello para cubrir las apariencias. Pregúntenle a checoslovacos y húngaros, polacos y rumanos y a los de todos los demás países sometidos a la bota comunista.
Miente el señor Rodríguez cuando dice que yo denigro a Cuba; a Cuba la quiero. Denuncio a quienes se posesionaron de ella hasta que la muerte los separe, cual si fuera su predio personal; denuncio a Fidel Castro porque traicionó la revolución. Esto no es sobre Estados Unidos, señor Cónsul. El bloqueo lo hemos condenando muchas veces porque además consideramos que fortalece a Fidel, aunque Ud. no parece habernos leído.
Esto es sobre Cuba. Esperanzados en la posibilidad de un nuevo amanecer para la Perla de las Antillas, don José Figueres y mi padre apoyaron la revolución de Fidel contra el tirano Fulgencio Batista, incluso enviándole las armas sobrantes del 48 que no necesitaría más nunca Costa Rica, en un avión de Pillique Guerra piloteado por el Capitán Manuel Rojo del Río, a quien si todavía anda por estas tierras, le envío un afectuoso saludo.
Yo no sé si el Cónsul Rodríguez es suficientemente viejo para acordarse de esto, pero esa corta esperanza naufragó durante la celebración de la victoria en La Habana, cuando los chafarotes engordaron sus egos poniéndonos en autos allí mismo de que el nuevo régimen cubano sería otra dictadura, sólo que el péndulo se había movido de derecha a izquierda.
A don Pepe, que había sido invitado de honor de esa celebración por el apoyo brindado, le arrebataron el micrófono por aconsejar una buena relación con los Estados Unidos. Sin que terminara la farándula, Figueres optó por irse de La Habana y condenó a Cuba al ostracismo.
Durante casi medio siglo los cubanos han debido sufrir limitaciones y vejámenes. Muchos han huido como pueden, otros no lo han hecho porque no se pueden llevar a sus seres queridos. Tengo amigos que para salir al extranjero a visitar familiares deben esperar muchos meses a que les den una visa porque su libertad de movimiento está restringida; no son libres. Cuando logran salir es bajo la amenaza de que si no regresan, la pagarán sus parientes cercanos.
¿A quien cree Ud., señor Cónsul, que confunde con sus numeritos?

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