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Tropezando en la misma piedra


Pareciera que diez años no han sido suficientes al Consejo Nacional de Concesiones, del Ministerio de Obras Públicas y Transportes, para estar en condiciones de elaborar bien, en tiempo razonable, contratos con empresas privadas para cualquier obra que el país necesite y que esté a su cargo.

La nueva demostración de que no sabe el país poner en práctica el sistema de concesiones, y que ante ello debiera pensarse en utilizar otra forma de construir lo necesario o acabar de una vez con la falta de capacidad para contratar, es el retraso por ya más de dos años en el inicio de la ampliación a la carretera hacia San Ramón, la vía más transitada de Costa Rica, según lo informa una nota de LA REPUBLICA del fin de semana pasado.

Lo anterior por cuanto la contratación con la empresa Autopistas del Valle, de capital mayoritariamente europeo, parece haber entrado en el vía crucis burocrático ya característico en este país.

Las “razones” esgrimidas para intentar justificar el atraso, tanto por parte de la administración como de la empresa concesionaria, suenan a más de lo mismo. Los costarricenses han escuchado de estas “razones” durante muchos años para otros lamentables contratos.

El monto que los bancos están anuentes a financiar, la fecha límite para responder a esto, expropiaciones, asuntos legales, financieros y económicos, aumento en los costos por el tiempo transcurrido, entre otros, son siempre los mismos escollos con los que se sigue tropezando una y otra vez, para entrar en un círculo vicioso que torna inacabable el tiempo perdido intentando llegar a un acuerdo para firmar, finalmente, un contrato y comenzar las obras.

La ampliación de la vía a San Ramón parece ser otra más de las grandes necesidades que en materia vial tiene el país y que se ve ya dando vueltas en el nefasto laberinto.

Las experiencias tan lamentables en materia de concesión de obra pública, como el vergonzoso caso de Alterra, que tanta pérdida ha significado para el país, no parecen haber dejado ni siquiera como ganancia el aprendizaje para comenzar a ser eficientes en ese tipo de contrataciones.

Si bien es cierto que todo el aparato estatal, aunque no se pueda generalizar porque existan excepciones, requiere una profunda reestructuración y capacitación para tornarse profesional y eficiente, al menos los procesos vividos en casos semejantes debieron servir de base para avanzar en el conocimiento de cómo hacer las cosas bien y en corto tiempo.


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