María Luisa Avila

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Jueves 8 Diciembre, 2011


Tricotomía


La puntualidad es un valor de vida, de trabajo y debería ser valorado como tal. Sin embargo, parece ser que la impuntualidad es aceptada y aceptable para la gran mayoría de latinoamericanos, incluyéndonos. Las culturas occidentales aceptan un retraso de hasta 15 minutos como permitido, no obstante los japoneses no son tan permisivos y valoran la puntualidad como un signo de consideración hacia las personas que están esperando.
¿Cuánto debemos aceptar la impuntualidad?, en lo personal me molesta, siento que resta seriedad y disciplina y que es un irrespeto para los demás. Por supuesto que los imprevistos existen, pero la excusa no se debe convertir en la tónica diaria.
Este es un tema que se ha discutido en diferentes foros, pero poco se ha avanzado al respecto. Perú en 2007 desarrolló una campaña, “la hora sin demora”, de la cual no se conoce su impacto; Argentina inició programas educativos en la infancia para fomentar el valor de la puntualidad. En nuestro medio parece ser que le rendimos tributo a la “hora tica” y poco se habla del tema.
Miguel Barrera, en Chile, hizo una aproximación que podemos aplicar a Costa Rica: una persona que atienda diez reuniones al día, que cada reunión se atrase, digamos, diez minutos, acumularía 100 minutos al día, 500 a la semana y 2 mil al mes. Pero no solo de su tiempo, sino del tiempo de todos los convocados a la reunión, que en promedio pueden ser dos o tres personas, incluso más, dependiendo de la complejidad y nivel de la reunión, lo que representa 4,2 días de tiempo perdido, de improductividad.
Más aún del tiempo de las personas con las que esas otras dos o tres debían reunirse, lo cual establece una larga cadena de impuntualidad y atrasos. En términos económicos la cifra perdida o dejada de producir es incalculable, ya que no es un caso aislado, sino que son muchos los que diariamente se dan en el país.
En términos sociales el costo también es alto, genera incomodidad, frustración, molestia e indispone al que espera. Puede ser además motivo de exclusión social, al no tenerse en cuenta al impuntual para actividades productivas o recreacionales.
En naciones como Japón, Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y la mayoría de los países desarrollados, la puntualidad es una virtud y es considerada factor decisivo en el desarrollo; sin embargo, en nuestros estados latinoamericanos los relojes parecen ser meros objetos decorativos. ¿Será acaso la impuntualidad la causa de nuestro subdesarrollo? Piense en ello cada vez que llegue tarde a una reunión.
Ser puntual no es un mérito, es un principio, reza el dicho popular. Nicolás Bouileau lo expresó de una clara manera: “Procuro ser siempre puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien lo espera”. Reunión de trabajo o social, la puntualidad debe imperar.

María Luisa Avila