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Miércoles, 21 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Tricotomía

María Luisa Avila [email protected] | Jueves 17 noviembre, 2011




Defiendo con vehemencia las vacunas porque sé que son la mejor herramienta para lograr mi cometido como profesional de la pediatría

Tricotomía

Me confieso vehemente. Sobre todo en los temas que atañen a la niñez, quizá porque como pediatra me siento en la obligación y el compromiso de evitarles la enfermedad y ojalá la muerte. Como mujer siento que son mis propios hijos, y debo defender su derecho a crecer sanos. Defiendo con vehemencia las vacunas porque sé que son la mejor herramienta para lograr mi cometido como profesional de la pediatría.
La vehemencia implica apasionarse y comprometerse de verdad, con la defensa de una determinada postura, idea o situación. Supone un alto nivel de compromiso y claridad de ideas. Tal vez la vehemencia no tenga espacio en la política y por ello la Contraloría General de la República “severamente critica” esta característica de mi personalidad. Sin embargo el país merece políticos vehementes a quienes les duelan la inequidad y la injusticia social como si la sufrieran en carne propia. Que les duela que haya dos Costa Rica, la de los ricos y las de los pobres. La vida de un niño pobre o rico, vale igual, pensar diferente es traicionar los principios de solidaridad social que nos caracterizan.
El sentido positivo de la vehemencia supone la defensa de determinados valores, con sensatez y buen juicio. Mi vehemencia con el tema de las vacunas, está sólidamente sustentado en múltiples evidencias científicas, recomendaciones de organismos de expertos nacionales e internacionales y esfuerzos de muchas organizaciones no gubernamentales (Gaby, Bill Gates) y dedicadas a la salud (OMS, OPS, UNICEF, Naciones Unidas), que abogan por reducir la mortalidad en niños menores de cinco años, la enfermedad y la discapacidad. Por reducir la brecha social entre los ricos que pueden pagar una vacuna, y los pobres que esperan que un estado solidario defienda con vehemencia su derecho al acceso con oportunidad y equidad de esas vacunas.
Seré siempre vehemente en los temas en los que creo, seguiré abogando por las vacunas aunque eso signifique “generar sospechas”, seguiré cumpliendo con mi deber de proteger la salud, no solo de tratar la enfermedad. Hoy gracias a esa vehemencia, el riesgo para los habitantes de Costa Rica de sarampión, tos ferina, varicela, neumococo, polio post vacunal es bajo. Mi único beneficio, es el orgullo y la satisfacción del deber cumplido.
Voltaire decía “La vacilación es el más vehemente indicio de la debilidad de carácter”, esa será la única vehemencia en la que haré todos los esfuerzos para no caer.

María Luisa Avila