María Luisa Avila

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Jueves 20 Octubre, 2011


Tricotomía


En Costa Rica, las primeras vacunas (antivariólica), se aplicaron a principio de 1800, poco después de su descubrimiento por Jenner en 1796. El Dr. Rodrigo Loría Cortés en 1950 inició la aplicación de DPT (difteria, tétanos, tosferina) en niños. Fuimos de los primeros países en implementar una campaña de vacunación contra la poliomielitis en 1955, logrando el control de la epidemia. En 1967 se aplicaron 209.833 dosis contra el sarampión. Un año después se introdujo la vacuna contra tuberculosis (BCG).
En 1970 se inició la inmunización contra difteria y tétanos (DT) en escolares y embarazadas y dos años después contra sarampión-rubeola. En 1974 se desarrolló un programa intensivo de inmunización con TT en adultos de riesgo: trabajadores agrícolas, población de bajos ingresos, carentes de calzado. En 1986 se aplicó la vacuna antimeningócica para controlar brotes de meningitis en campamentos de refugiados y niños en poblaciones marginales. En 1987 se inició la vacunación contra la parotiditis y la Hepatitis B en grupos de riesgo. La protección contra el Haemophilus Influenzae tipo b se incorporó en 1998, gracias al Dr. Rogelio Pardo-Evans, permitiendo el control de la meningitis bacteriana y de las infecciones invasoras por este germen.

La prevención y control de las enfermedades inmunoprevenibles ha sido prioridad de salud pública en Costa Rica. Ha permitido controlar la difteria, tétanos neonatal, poliomielitis, rubeola y mantener la interrupción de la circulación del sarampión. La prevención del síndrome de rubeola congénita es otro logro importante, al combinar el esquema de inmunización infantil con la vacunación en población adulta.
Con la toma de decisiones basadas en evidencia científica y en el análisis de la situación de salud, se actualiza el esquema de vacunación nacional, reduciendo brechas sociales, avanzando hacia la equidad. De 2006-2010, bajo el concepto “Vacunación para el desarrollo”, se introducen, con el apoyo del Dr. Oscar Arias, nuevos biológicos: vacuna contra varicela y antineumocóccica, se implementa la estrategia “capullo” para inmunizar a las madres en el posparto inmediato y evitar el contagio por tosferina en el lactante menor, la vacunación contra neumococo en el adulto, se plantea el inicio de la protección contra la diarrea por rotavirus en el infante. Se introduce la vacuna intramuscular contra la polio, para evitar polio asociado a la vacuna. Con resultados evidentes, reducción en consultas, hospitalizaciones, muertes, complicaciones, en uso de antibióticos de amplio espectro, y reducción en costos económicos y sociales.
Las vacunas son siempre costo-efectivas. Preocupa que la comisión de notables pidiera que se revise la introducción de la vacuna contra neumococo, cuyo costo es de ¢4.000 millones, cuando cada dólar invertido ahorra siete en atención de la enfermedad. Pero no pidió que se aprobará la Ley Antitabaco, la CCSS reporta que debe gastar ¢58.000 millones, al año en atención de enfermos como causa directa del tabaquismo.
Prioricemos, no olvidemos la historia y no caigamos en la parálisis por análisis. En el tema vacunas, el agua tibia ya fue inventada.

María Luisa Avila