Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 18 Diciembre, 2013

Si la campaña empezó asomando las fauces de la polarización, y si por la víspera se saca el día, habrá un segundo tiempo de ataques y contraataques


Hablando Claro

Tregua y Navidad

Con la celebración de la fiestas navideñas encima y las carreras de compras, fiestas y comilonas tomando por asalto las agendas de estos apretados días, terminó formalmente la primera fase de la campaña electoral. Aunque muchos están convencidos de que el primer tiempo fue soso y aburrido, yo más bien creo que el episodio resultó muy interesante por lo inédito que se reveló el comportamiento del ciudadano elector.
Seguro por la misma razón, me entusiasma saber que enero será intenso en observación y cábalas ante el hecho incontrovertible de que el proceso de transición de nuestro sistema político está dando señales incontrovertibles de una gran volatilidad de las preferencias electorales.
Para empezar, dos meses atrás —cuando el TSE dio el banderazo de salida de la contienda— nadie podía pensar que el Frente Amplio sería la gran sorpresa política de 2013. De ello se derivan varios asuntos sustantivos: el manifiesto entusiasmo que aflora en los seguidores de esa divisa que de seguro ni su candidato presidencial pudo siquiera haber soñado cuando se lanzó a la aventura de esta campaña; la expectación con que el enorme contingente de indecisos está evaluando el comportamiento de las ofertas en lisa y por último el temor (algunos no ocultan verdadero terror) que se ha apoderado de los opositores a la candidatura de Villalta asumiendo que una hipotética victoria de la izquierda tendría consecuencias catastróficas para nuestra sólida democracia, como si esta estuviera pegada con mocos y fuera cuestión de darle un empujón para que se desplomara toda la institucionalidad, creyendo por lo demás que, de ganar, Villalta querría y sería capaz de traerse abajo los cimientos del Estado de Derecho con un plumazo de decretos.
Y esto es lo que más me llama la atención. Independientemente de lo poco probable que pareciera ser aún que el joven José María Villalta llegue a Presidente de la República, sus detractores muestran un temor irracional que refleja de entrada cuán débil es su confianza en las instituciones democráticas en general y la Constitución Política en particular (por supuesto incluyendo los sanos equilibrios de poderes, tanto como los insanos poderes de veto que el sistema ha consolidado) como para estar augurando desde ya tremebundos horizontes de horas oscuras en el porvenir democrático.
Una cosa sí es cierta, si la campaña en su primera fase terminó asomando las fauces de la polarización, y si como dice nuestro pueblo por la víspera se saca el día, entonces debemos prepararnos para un segundo tiempo lleno de ataques y contraataques donde se sacarán todas las municiones para la batalla del primer domingo de febrero.
Por ello, junto con mis mejores deseos por una grata celebración de estas fiestas, también les deseo una buena recarga de energías confiando en que, como dijo el analista don Víctor Ramírez “la gente a distancia emocional y mental, sentada en sus casas viendo este panorama general, está analizando con más profundidad que nunca antes, para salir a votar”.
Que así sea. Felices fiestas.

 

Vilma Ibarra