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Trayectoria

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 02 febrero, 2008


ELOGIOS
Trayectoria

Leopoldo Barrionuevo

Llegaste sin ser invitado/a, deseado o no, esperado, inesperado, de repente. De un modo u otro, no fue en silencio, fue con alegría o sin ella que ya estabas instalado/a aquí. Si hubo dudas antes, algo facilitó las cosas y no se atrevieron a eliminarte o bien, te salvaste para llegar como un rayo deslumbrante de luz. Es lo mismo: estabas aquí. Bienvenido a la vida.
No sin asombro fuiste creciendo, absorbiendo todo lo que te rodeaba, protegiéndote o enfrentando los hechos, no sin miedo. Te preguntabas todo, querías entender, saber de ese misterio que te tomaba examen diariamente la vida; sufrías por lo pequeño, ignorabas lo trascendente y sobrevivías ignorante de lo que te llevaba y traía, de lo que intentabas desentrañar.
Estudiaste, trabajaste, lo pasaste mal, eso te ayudó a reconocer la magnitud de los sentimientos y de las emociones y te diste cuenta de que tenías una identidad y un sí mismo y que debías desarrollarlo y protegerlo contra todo el que quisiera golpearte, porque era tu posesión más preciada y no resultaba sencillo compartirla.
Por una razón u otra, porque te forzaron, porque estabas distraído, porque te enamoraste locamente, te uniste a alguien y conociste la vida cotidiana, sin que les alcanzara el dinero, a veces para cubrir lo más necesario, mientras te llegaban los hijos y los quisiste aunque fueran nuevas bocas para alimentar.
Era un nuevo destino, una nueva vocación y tuviste que aprenderla, con responsabilidad, con paciencia, con amor o bien, eludiste la carga y buscaste otros caminos con pesar y con dudas permanentes que se tradujeron en sentimiento de culpa.
Por entonces debiste cambiar de amigos, algunos no te perdonaron el cambio y padeciste la separación, la distancia y el alejamiento; en cada caso debiste enfrentar tu bendito mundo interior y superar los miedos que te perseguían aunque a veces intentaras vanamente huir de ellos en busca del alcohol.
Ni hablar de tu carrera, tu profesión o tu empleo: muchas veces dudaste en seguir otro rumbo y comenzar de nuevo, estudiar se te hizo pesado en ocasiones y sufriste el tomar una decisión de la que no estabas muy seguro porque lo que te gustaba no daba de vivir y lo que daba de vivir no te gustaba y te dolía profundamente.
La vida se fue extendiendo mientras dudabas del sentido que todo esto tenía, mientras tus seres queridos morían y tus hijos crecían, eran diferentes a lo imaginado y los querías más por eso, hasta que llegó un momento en que casi sin darte cuenta te acordaste de vos, de tus sueños no cumplidos y de tus deseos más recónditos y te quisiste en serio, cuestionándote pero sin dudarlo.
Y supiste que toda la vida se te había ido en buscar cosas que ya tenías, pero que nunca te habías dado cuenta de que era a vos a quien necesitabas, para amarte con respeto y con satisfacción por la extensa lucha de la cual quedabas en paz, una paz que nunca habías tenido sino de a ratos y los miedos se perdían por el camino para recibir sin cargas la lógica consecuencia de todo lo andado, que era llegar, no importa a dónde.

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