Traspié de Pemex beneficia a Petrobras
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Traspié de Pemex beneficia a Petrobras

Monterrey
Bloomberg

A Guillermo Nájera, maquinista de la paraestatal Petróleos Mexicanos, le pagan por no hacer nada todo el día. La gerencia de Pemex no puede despedir a este trabajador sindicalizado de 42 años ni transferirlo de su planta de amoniaco en Ciudad Camargo, donde sigue presentándose a trabajar aunque la fábrica dejó de producir en el 2002.
“No tenemos nada que hacer excepto mantener nuestras áreas limpias”, dice Nájera mientras él y docenas de trabajadores ociosos entran a la planta para el turno que empieza a las 7 de la mañana. “Quiero volver a trabajar”.

El escaso control que ejerce Pemex sobre sus 110 mil trabajadores sindicalizados es sólo un síntoma de un problema mayor en
la empresa más grande de México. Pemex, que produce anualmente más crudo que Exxon Mobil Corp., se ve afectada por una inversión insuficiente, elevados impuestos, leyes que prohíben la competencia, la corrupción y la corrosión y explosiones de ductos. Un accidente en una planta marítima dejó un saldo de 21 muertos en octubre.
La crisis de Pemex que los críticos llevan diez años pronosticando ya llegó: la producción en el mayor pozo petrolero de la compañía, Cantarell, bajó 18% el año pasado, y Pemex tiene poco crudo listo para reemplazarla. No obstante, el Gobierno del presidente Felipe Calderón no puede actuar para prevenir lo que podría ser un desastre tanto para Pemex como para el país, cuyo presupuesto depende considerablemente de las ventas de esta empresa.
El precio del crudo, que subió 57% el año pasado, ha evitado que los ingresos del gigante petrolero caigan, enmascarando una contracción de la producción, una ineficiencia masiva y un exceso de personal, dice John Padilla, director general de IPD Latin America, una consultoría energética con oficinas en Caracas, Ciuda
d de México y Nueva York.
La Secretaría de Energía de México calcula que hay 30 mil millones de barriles de petróleo y gas en aguas profundas en el lado mexicano del Golfo de México. No obstante, no se sabe si Pemex, que no tiene autorización para formar sociedades con petroleras extranjeras, cuenta con la tecnología, dinero o competencia para perforar con éxito en aguas de hasta 3 mil metros de profundidad, dice Matthew Shaw, analista energético en Wood Mackenzie Consultants Ltd. en Edimburgo.
Calderón, que asumió el cargo en diciembre del 2006, quiere que Pemex tenga más autonomía del Gobierno y el derecho de formar sociedades con otras empresas para obtener acceso a la tecnología para perforar en aguas profundas.
Cuando los ingresos petroleros caigan finalmente, México tendrá que subir otros impuestos o reducir programas contra la pobreza, de educación y construcción de carreteras, dice Jorge Chabat, profesor de ciencias políticas del Centro para la Investigación y Docencia Económicas de la Ciudad de México.
Mientras se debate cuánta inversión privada en Pemex es legal, las importaciones de combustible subieron a $15.800 millones en 2007 desde $2.400 millones cuatro años antes, la red de ductos de Pemex de 60 mil kilómetros siguió deteriorándose y su deuda y pasivos de pensiones sin fondos aumentaron a más del doble a $122.500 millones a fines de diciembre, desde $59.100 millones en 2002.
Pemex no podrá revertir la caída en su producción y reservas sin reformar las leyes que recargan a la empresa de burocracia, dice Samir Awad, gerente de las operaciones de Petrobras en el continente americano, Africa y Eurasia. Antes de que Brasil abriera su industria petrolera a la competencia, Petrobras no era eficiente y tenía pocos incentivos para crecer, dice. La compañía tiene ahora una capitalización de mercado de $235 mil millones y ha duplicado su producción diaria de crudo a 1,92 millones de barriles desde 869 mil en 1997, perforando en las costas de Argelia y Nigeria y en un área del Golfo de México controlada por Estados Unidos.
Pemex padece la misma burocracia gubernamental y mentalidad de empleado público que Petrobras tenía antes de volverse autónoma, dice Awad. En el 2005, la empresa brasileña produjo tres veces más petróleo que en 1992, con el mismo número de trabajadores.
México trata a Pemex como una “diosa intocable”, dijo el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva a la prensa el 27 de marzo. Lula dice que le dijo a Calderón en una conversación privada el mismo día que Pemex y Petrobras deberían cr
ear una empresa conjunta para explorar nuevas áreas en el Golfo de México.
Petrobras y Pemex ya firmaron un acuerdo para compartir tecnología, y la compañía brasileña ha invitado a Pemex a ser parte de una empresa conjunta para perforar en el lado estadounidense del Golfo de México, cerca de la frontera con México. Petrobras también está buscando gas por encargo de Pemex en el norte de México en un programa experimental diseñado para comprobar el valor de los contratos privados.
Víctor López no cree en las soluciones privadas a los problemas de Pemex. La compañía no debería formar sociedades ni aceptar inversión privada, mejor debería recuperar su gloria pasada, dice López, ingeniero de Pemex desde hace 27 años que está ayudando a supervisar la expansión de la refinería de Pemex en Minatitlán, con un costo de $3.100 millones.
En los años 50, 60 y 70, Pemex construía sus propias refinerías y plantas petroquímicas y desarrollaba sus propia tecnología de perforación marítima, dice. La mayoría del dinero que se está gastando en Minatitlán va a parar a compañías privadas, como ICA Fluor de la Ciudad de México y Samsung Engineering Co. de Seúl.
“Esta es tecnología que Pemex debería estar creando”, dice López. “Este dinero podría quedarse en Pemex y generar empleos para ingenieros mexicanos”.

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