Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 30 Octubre, 2009


Tragedia y justicia

El Valle Central, que no representa más que un décimo de la extensión territorial del país, concentra, sin embargo, más de dos terceras partes de la población; algo similar a lo que se da en Argentina y Uruguay, donde más de la mitad de sus habitantes vive hacinada en la capital y sus alrededores mientras el resto del país está casi despoblado. Dos grandes ríos que terminan por unirse, el Virilla y el Tárcoles, recogen las aguas negras de toda esa población. Pero, por no sé qué designios de la historia, estos dos ríos que recogen todas las aguas de los afluentes del mencionado territorio, se han convertido en acusadores testigos, no solo de la suciedad e incuria de la población y sus gobiernos (nacional y locales), sino también de las más dolorosas y tristemente famosas tragedias provocadas por accidentes de tránsito. Fue una impericia del conductor o “maquinista” de un tren lo que provocó “la tragedia del Virilla”. Ahora en el Río Tárcoles se da otra tragedia originada igualmente en un accidente de tránsito.
Pero hasta allí llega el paralelismo entre ambos sucesos, pues en el último y desgarrador hecho, las causas no se deben tan solo ni principalmente a una supuesta irresponsabilidad del conductor del vehículo, como fue en el primer caso, sino que apuntan con dedo acusador a los jerarcas de este gobierno. Consciente de lo anterior, la Ministra del ramo ha renunciado, dando muestras de un lúcido realismo político no exento de una entereza por desgracia poco usual en los medios políticos de nuestro país. En su carta de renuncia reconoce con valentía la responsabilidad que le incumbe en este doloroso evento como máximo jerarca del Ministerio de Obras Públicas y Transporte.
La actitud de doña Karla contrasta con la asumida por Oscar Arias, quien achaca toda la culpa a los ticos dada la mentalidad de nuestro pueblo, según Arias, de actuar inspirado en la mentalidad que se resume en una sola expresión: “Me la juego”. En otras palabras, las águilas no se equivocan; solo lo hacen los caracoles que se arrastran torpemente en el suelo en contraste con las águilas que, en gesto desafiante, remontan a las alturas. Por lo que, son los primeros y no las segundas los responsables de todos los errores de un gobierno que pasará a la historia, no solo porque hasta las aguas de sus ríos se enlutan por su causa, sino también porque cada día los escándalos de corrupción y la violencia callejera llenan los espacios informativos.
Karla renuncia porque es abogada y sabe muy bien que las secuelas de tanta negligencia del Ministerio bajo su responsabilidad apenas comienzan. Vendrán ahora los juicios, que podrían tener implicaciones no solo civiles sino incluso penales. La tragedia del Río Tárcoles es algo más que un escándalo político. Las consecuencias legales deben ser asumidas por quien corresponda, incluso si tienen que llegar hasta las alturas donde solo vuelan las águilas. El pueblo costarricense (los caracoles) espera que los gritos de espanto y dolor, cuyo eco todavía resuena en el cauce del Río Tárcoles, llegue hasta los recintos donde se administra la justicia. Así lo exige la muerte más sagrada: la de los inocentes.