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La salida del aire de 32 emisoras radiofónicas en Venezuela no puede sino entristecer, pues con ellas se cierra gran cantidad de ventanas para que los venezolanos ejerzan su derecho a la libertad de expresión

Tolerancia para todas las opiniones

La libertad de los ciudadanos de expresar sus opiniones a todo pulmón y sin miedo a represalias es un pilar fundamental de la vida democrática. El papel de los medios de comunicación e Internet como canal de las voces ciudadanas es fundamental.
La salida del aire de 32 emisoras radiofónicas en Venezuela no puede sino entristecer, pues con ellas se cierra gran cantidad de ventanas para que los venezolanos ejerzan su derecho a la libertad de expresión.
La actual polémica comenzó cuando 240 emisoras, de un total de unas 750, ignoraron una citación de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones para actualizar sus datos y revisar el estado de su concesión, y quedaron, según el organismo, fuera de la legalidad.
Los choques del gobierno presidido por el presidente Hugo Chávez con los medios de comunicación no son nuevos. El primero en salir del aire fue el canal televisivo RCTV. Los dimes y diretes del mandatario y sus oficiales de gobierno con el canal opositor Globovisión, y el cierre de las radioemisoras han levantado la desaprobación de organizaciones internacionales como el Instituto Internacional de Prensa, Sociedad Interamericana de Prensa, la Organización Internacional de Radiodifusión, Reporteros sin Fronteras y Human Rights Watch, entre otros.
Las relaciones entre la prensa y el gobierno no deben ser placenteras, pues aunque se manejen dentro del apropiado marco de respeto, la misión de los medios como entes fiscalizadores del sector público de cara a la ciudadanía termina por generar el recelo de los gobernantes.
Esta tensión natural se ha visto exacerbada en Venezuela, donde la prensa privada ataca sin cuartel las acciones del gobierno chavista, y este denuncia a través de sus propios medios públicos el “terrorismo mediático” del que se siente víctima.
Costa Rica no escapa a esta fricción, y en ocasiones los mandatarios de turno han expresado con palabras más o menos elegantes su opinión sobre la cobertura que la prensa hace de las acciones gubernamentales.
Precisamente esas tensiones y divergencias hacen que el ejercicio responsable y el respeto a la libertad de expresión sea difícil. En palabras de Francois-Marie Voltaire, “detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que puedas seguir escribiendo”.

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