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Sábado 8 Enero, 2011

TODOS SOMOS PARTE DE TODOS

Las últimas semanas han sido de profunda reflexión. Me he movido en muchos círculos y no escucho más que ruido, gente que habla de las vidas de otros pero no de sus vidas, personas que hablan de otras pero nunca de sí mismas, seres que viven volcados hacia afuera, en el bullicio del mundo, hablando demasiado.
“Los otros solo están sonando, no viviendo realmente, esperando vivir algún día, preparándose para vivir, pero no viviendo. Pero ese día nunca llega, antes llega la muerte”.
Muy a menudo me pasa que me aburro de la crítica, de la gente que solo critica y que no hace más que desembocar en otros sus propias frustraciones. A veces yo he cometido ese terrible pecado y a veces soy yo el objeto de críticas, algo contra lo que no puedo hacer nada pues uno no puede controlar lo que otros piensen o digan de nosotros pero sí lo que nosotros pensemos de nosotros mismos. En esos comentarios lo único que trato de ver es qué es lo que hace que las personas actúen así y solo encuentro una explicación: hay mucha ira y dolor no resueltos. Lleva mucho trabajo personal y sobre todo mucha aceptación dejar atrás los dolores genuinos, pero ello se convierte en una vía de crecimiento y madurez como único medio para dejar el sufrimiento atrás. El dolor no se reemplaza con nada, solo se le acepta, se le vive y se le deja ir a medida que nos vamos fortaleciendo y aceptando los tránsitos de la vida y el crecimiento.
A veces nuestras necesidades se convierten en tortuosas dependencias, como llegar a necesitar la vida de los otros para poder sentir que se puede vivir con algún sentido, pero eso implica que nos hemos alejado demasiado de nosotros mismos y ese divorcio nos coloca en ese anhelo incesante de conexión, el cual intentamos realizar desde los otros. Sin embargo, el camino es exactamente el opuesto, primero conectamos con nosotros mismos, para ver luego lo que los otros como hermosos espejos nos dicen de nosotros mismos y luego, entonces, podemos ir al encuentro de esos seres que emergen diferentes y con sus rostros frente a nosotros, pues ya hemos reconocido de alguna manera un poco del nuestro primero.
Oscar Wilde dijo que “vivir es una de las cosas más raras en la vida, la mayoría de las personas solo existen”. Yo no juzgo, simplemente observo y trato de comprender. Con los años estoy permitiéndome aceptar lo que la vida me trae y cómo me lo trae, sin imponerle a ella lo que yo quiero, pues tal vez no son los caminos correctos para el crecimiento de mi alma.
Se necesita mucho valor para ser realmente como queremos ser, para reconocernos a nosotros mismos y simplemente decir: “No soy como todos los demás, pero todos somos parte de todos…” . Al hacerlo, encontraremos que el mayor de los logros que podemos alcanzar es el de ver la belleza de nuestra alma, apreciarla y conocer que sin duda alguna deseamos llevarla a la expresión en nuestra vida y disfrutar plenamente del desarrollo de ese potencial en todo aquello que realizamos. Sé que nuestro corazón nos puede guiar, sé que nuestra sensibilidad nos permitirá apreciar las diferencias entre uno y otro proceso, sin duda nuestra inteligencia nos ayudará a comprender y nuestro desarrollo cada vez mayor de la conciencia nos conducirá por ese camino muy nuestro para ser quienes somos en el mundo.
Hay que invertir tiempo y poner el corazón para ser mejores personas, para crecer como seres humanos libres, y libres de prejuicios, también...
Osho escribió esta grandiosa reflexión: “No descalifiques a nadie ni te alabes a ti mismo; de lo contrario te equivocarás. Acepta la gente como es. Eso es lo que son y ¿quién eres tú para decidir si están bien o mal? Si están equivocados sufren, y si están en lo cierto son dichosos…”

RAYMUNDO MACIS DELGADO