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Martes 26 Agosto, 2014

La intención de transparencia está y es entendible que requiere una tarea operativa. Pero la intención tiene que volverse acción


Todos podemos participar

La tecnología reduce esos espacios que por décadas se fueron ensanchando entre gobernantes y gobernados. Ella nos permite acercarnos a esa democracia primitiva en donde aquellos tenían el mismo nivel de acceso y conocimiento de los asuntos públicos.
El presidente Luis G. Solís supo leer este contexto y en su discurso de toma de posesión prometió que el pueblo tendría la posibilidad de escrutar día a día sus acciones.
Pero al final de estos tres meses, el sitio web de casa presidencial pasó en construcción, los perfiles en redes sociales tienen poca o casi nula interacción, los sitios web de varias instituciones públicas están desactualizados, aún con información del gobierno anterior, los correos los contestan muy tarde y sin la información solicitada. No dudo que la intención de transparencia está y es entendible que requiere una tarea operativa. Pero la intención tiene que volverse acción.
Es urgente corregir esta falla en la transparencia y la comunicación pues es una de las razones que dificultan reconocer claramente las labores realizadas en estos 100 días. Sin embargo, hay tres elementos que aportan en la construcción de un balance de este periodo:
Situación heredada. El nuevo gobierno entró a trabajar con un escenario político complejo: una Asamblea muy fraccionada, la bancada oficial más pequeña de la historia y poco cohesionada y con expectativas muy altas de varios sectores antagónicos. Esto se complementa con un difícil escenario económico: déficit fiscal y desempleo creciendo, tímido crecimiento de la economía, pobreza estancada, presión sobre la política cambiaria y aumento en el costo de combustibles y electricidad.
Manejo de crisis. Bien lo dice Weber, la política es por esencia conflicto. Este gobierno enfrentó problemas que se arrastraban de administraciones anteriores, la huelga de los educadores y las tierras en Salitre son ejemplos y en ambos el gobierno no logró solución. Con los educadores requirió la mediación de la iglesia y aún continúan ajustes en el sistema de pago y en Salitre inició un proceso de consulta que pronosticaron se extendería por varios meses, los avances hoy son desconocidos.
Propuesta programática. En palabras del ministro de la Presidencia, Melvin Jiménez, el gobierno ha empezado a tomarle el pulso a la administración del Estado y abordar el estado de la cuestión. Sin embargo, se han visto acciones en atracción de inversión extranjera, mejoramiento de infraestructura con intervenciones en la red vial y pequeñas acciones para intentar mejorar las finanzas del Estado. La cantidad de proyectos enviados para el periodo extraordinario de la Asamblea no permiten identificar ruta programática.
Con estos tres elementos, se pueden sacar conclusiones del estilo de gestión de estos primeros días de gobierno de Solís. Hay guiños de más diálogo y más consulta, tanto para las decisiones macro como para las cuestiones más de trabajo cotidiano de gobierno, hay más voluntad política para apoyar políticas que favorezcan a sectores vulnerables. Pero también, esta administración ha estado llena de contradicciones, traspiés y simbolismos. Hay una ausencia de agenda clara que pone en duda su capacidad y liderazgo.

María Fernanda Avendaño Mora

Politóloga
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