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Martes, 11 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Todos contra Rodrigo

Luis Alberto Muñoz [email protected] | Viernes 04 febrero, 2011



Todos contra Rodrigo


Por aquello de las dudas, ¡la campaña presidencial 2014 ya arrancó! El lema es: “Todos contra Rodrigo”.
Desde el momento en que don Rodrigo Arias decidió públicamente aceptar su interés en ser el próximo presidente de Costa Rica, la reacción fue casi inmediata, se escuchan rumores de coaliciones, se enfilaron nuevos candidatos, nacieron programas televisivos, y algunos medios se dejaron de sutilezas.
Los hermanos Arias, como ordinariamente se les conoce a don Oscar y don Rodrigo, despiertan fuertes pasiones en la sociedad costarricense, desde quienes los aman y respetan por su irrefutable notoriedad e imagen internacional, hasta quienes abiertamente los odian y adversan sin recelo, vomitan todos sus actos e intenciones.
La popularidad de los Arias es incuestionable, las encuestas muestran una y otra vez que es mayor la cantidad de costarricenses que los admiran, que la de quienes los aborrecen.
Al igual, es indiscutible que su liderazgo ha marcado y definido los capítulos más recientes de la vida política nacional.
Dadas estas circunstancias, no sorprende que las intenciones públicas de don Rodrigo por la silla presidencial, lo conviertan en el líder a vencer.
Muchos ya sienten pasos de animal grande y eso los incomoda. En todo caso, ningún individuo o medio, con cierto nivel de cordura, criticaría o atacaría a alguien que considere inferior.
La escaramuza mediática actual, divorcio que dicho sea de paso proviene de un periodo de enigmática “luna de miel” con el mismo gobierno anterior, ha producido movimientos de grandes pesos en los demás poderes de la República.
Y como en el amor, la política y la guerra todo se vale, hoy un periódico hace de las suyas, se proclama tribunal moral, magisterio de la verdad, o el ojo que todo lo mira, y no pierde oportunidad para dictar sentencias y condenar “sin el debido proceso” a aquellos cuyas palabras o acciones simplemente le desagradan.
El pulso los ha llevado a pedir la cabeza del fiscal, allá ellos, pero en mi criterio existe una inmensa cuota de precipitación y prejuicio, en una condena pública de semejante magnitud, fuera de las instancias democráticas correspondientes, y con una significativa actitud de arrogancia ante la institucionalidad del país.
Sin embargo, estos “daños colaterales” en la guerra electoral desatada por la postulación de don Rodrigo, no hacen más que dejar una gran duda sobre el papel que juegan algunos medios de comunicación en Costa Rica. ¿Qué buscarán?

Luis Alberto Muñoz