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Domingo, 25 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Todo camino lleva a Roma

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 24 junio, 2009



Todo camino lleva a Roma


Para mantener el control y la importancia del centro, el Imperio Romano construyó todos los caminos desde donde fuera en su territorio de manera que terminaran en su ciudad capital. El sistema de transporte público de autobús costarricense opera usando el mismo principio; la única diferencia es que no hay ninguna razón política, lógica o racional para que sea así. Más bien es flojera del Estado que este sistema perdure.
El pasado 12 de junio la Ministra de Transportes anunció que en su administración no pudo hacer nada por mejorar el sistema autobusero, y que le iba a tocar al próximo gobierno ver qué se podría hacer. Es un sistema anticuado y caótico, donde el peor servido es el usuario; se estima que el trabajador típico que usa el autobús todos los días pasa 95 minutos diarios tragando humo, incómodo y obligado a transitar las calles de San José, donde le espera todo tipo de ratero, timador, y violento para “cambiar”.
Las presas en la capital se deben a dos cosas: la inacción e incapacidad del Ministerio de Transportes de reorganizar el sistema de rutas de los buses, dejando a San José convertido en un centro de acopio, y la igual indisposición del mismo Ministerio de aplicar la ley a los que estacionan sus vehículos en los lugares prohibidos.
La Calle Lang, donde tengo mi oficina, actualmente por razones de la construcción, es arteria principal para los que quieren viajar de oeste a este al lado sur de la Sabana. Los dos lados de la calle están pintados de amarillo, pero docenas de vehículos se estacionan en esta atrasando el tránsito; hasta la fecha no se ha visto ninguna grúa u oficial aplicando la ley y abriendo el paso. Esto del estacionamiento ilegal es repetido en todos los puntos de la capital. Una cosa era mandar los oficiales a imponer multas a los que violaban el decreto inconstitucional de la enumeración de placas, otra es ponerlos a ayudar a agilizar el movimiento en la ciudad.
La razón por la que tantos costarricenses han adquirido automóvil propio es que no encuentran alternativa para movilizarse al trabajo, al centro de estudios o al supermercado para hacer sus compras. Pagan altas tarifas para tener el derecho de usar las vías públicas —prohibirles circular mes y medio al año tenía que ser una idea antojadiza y, desde luego, una violación de por lo menos dos artículos de la Constitución Política del país.
Ojalá que el transporte público surja como tema en la campaña venidera, como ya ha aparecido en Panamá y la República Dominicana. El presidente electo Ricardo Martinelli dijo durante su campaña que “el panameño condenado a pasar dos horas en bus todos los días está sirviendo una sentencia de seis años de su vida confinado a un espacio incómodo por pequeño y de alto hacinamiento, sin agua o alimentos, respirando aire contaminado, sin poder leer o hablar. Estamos brutalizando a nuestra gente”.
Eso es lo que está haciendo Costa Rica con su “gente”, y que la jerarca de Transportes pueda decir con una sonrisa que ha llegado a la conclusión de que “nada se puede hacer” en esta administración no requiere más comentarios.
La gran mayoría de los usuarios de autobús no quieren ir a “Roma;” (entiéndase San José) quieren ir a Barreal de Heredia, pero viven en Santa Ana, quieren ir a Belén pero viven en Tibás. Ahorita son obligados a ir al centro la capital.

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