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Lunes, 19 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Tiranía en democracia

Arnoldo Mora [email protected] | Martes 18 septiembre, 2007


Así definió lo que quería que fuera un eventual gobierno suyo Oscar Arias en la última campaña electoral. Para él el problema principal del país era lo que se ha dado en llamar “ingobernabilidad”, entendiendo por tal la resistencia que ha presentado la gran mayoría de los costarricenses frente a la imposición de políticas neoliberales de los últimos gobiernos, a contrapelo de la historia y la cultura política de Costa Rica. Para ilustrar esa absurda ocurrencia de una “tiranía en democracia”, algunos ideólogos y asesores oficiales del régimen, entre ellos y en primera línea Kevin Casas, escribieron “sesudos” (?) ensayos en las páginas de opinión de un conocido matutino de Llorente.

De modo que decir que el memorandum que redactó Casas y firmó también el primo de los Arias, fue un texto escrito en un arrebato de indignación, no solo es una farsa, sino que produce el efecto contrario. Porque, para que una mentira, en política como en todo, logre el resultado deseado por sus autores, debe aparentar verosimilitud de modo que la impudicia no aparezca de manera evidente. ¡Qué mal han leído y peor asimilado a su mentor Nicolás Maquiavelo y a su madre nutricia Margaret Thatcher! Pero, sobre todo, ¡qué poco parecen conocer al pueblo costarricense!

En este mismo error incurre Rodrigo, el Primer Ministro de facto del régimen, cuando aparenta minusvalorar el memorandum de Casas-Sánchez diciendo que es un papel más de los tantos que le llegan a su escritorio, por lo que nunca le dio importancia. ¿Quién puede creer esto cuando, tanto Oscar como él mismo, no han hecho sino prodigar elogios para sus dos pupilos? ¿No dijo Oscar que él solo se rodearía de los mejores talentos? Hasta habló de mil (¿!) expertos que gobernarían al lado suyo. ¿Dónde quedó su manida “meritocracia”? ¿No fue ese uno de los temas reiterados en su campaña para persuadir a sus compatriotas de que él y solo él, estaba en capacidad, no solo de sacar a este país del atolladero de la ingobernabilidad, sino de llevarlo a una era de bonanza nunca antes vista en nuestra historia? ¿A quién pretenden engañar los hermanos Arias?

Porque lo más relevante que ha pasado con este escándalo y el que tendrá las más hondas y prolongadas consecuencias, es la pérdida de credibilidad que, no solo los Arias y su régimen, sino también todos los propulsores de la campaña del sí (incluidas las cámaras empresariales) en lo sucesivo tendrán que cargar como destino inexorable ante sus conciudadanos y ante la historia. Eso es lo que suele pasar en política, pues cuando se pierde la credibilidad, toda posibilidad de comunicación entre gobernantes y pueblo se rompe. Y entonces sí que ya no hay gobernabilidad posible, lo cual es particularmente grave para este gobierno que no lleva ni siquiera la mitad de su período constitucional. Por eso lo mejor que pueden hacer los Arias es dar a Kevin la receta que Abel le aplicó a Fishman por cosas infinitamente menores.

El pueblo se dio cuenta de que la “tiranía en democracia” tiene mucho de tiranía y nada de democracia. El próximo 7 de Octubre los costarricenses tienen la oportunidad de expresar en forma inequívoca su repudio a toda forma de tiranía. Esa será la mejor lección de civismo y ética que le den.