Carlos Denton

Carlos Denton

Enviar
Miércoles 6 Noviembre, 2013

Si no hay ánimo y ningún candidato o partido logra meter una dosis de esperanza al pueblo costarricense es posible que la asistencia a las urnas, en febrero, sea baja


Ticos dicen que país no progresa

El marco conceptual de las elecciones que se avecinan en febrero es sombrío y esto se revela en dos resultados del Latinobarómetro 2013, que se divulgaron la semana pasada. Frente a la pregunta “¿Diría usted que este país está progresando, está estancado o está en retroceso?” los costarricenses perciben que su nación no avanza.
Solo un 15% considera que su país está progresando; entre los 17 países latinoamericanos incluidos en este estudio, solo Honduras presenta resultados más negativos, mientras que los de Paraguay andan más o menos iguales.
El otro resultado que aporta perspectiva al proceso electoral responde a la siguiente pregunta: “¿Con cuál frase está más de acuerdo?—la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno; en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático; a la gente como usted nos da lo mismo…” En 1996 un 80% de los costarricenses manifestó que la democracia es preferible, mientras que en este año es un 53% que cree lo mismo.
Los datos del Latinobarómetro de Costa Rica son producidos por CID/Gallup.
Viendo estos resultados, las elecciones que se celebran en unos tres meses serán particularmente claves para lo que será el futuro; si se elige otro gobierno incapaz de mover el país adelante, sin habilidad de desmantelar la estructura inmovilista que tiene a un pueblo con muchísima capacidad en una camisa de fuerza, es posible que se comience a buscar una alternativa más radical y menos democrática en el futuro.
Solo falta que aparezca un líder carismático, convincente como Rafael Correa, que ofrezca el progreso siempre y cuando se cambien o debiliten las instituciones nacionales y se concentre el poder en su persona, para que Costa Rica deje su trayectoria actual. O pudiera ser una personalidad como la de Lee Kuan Yew de Singapur, más racional y capaz que el ecuatoriano, pero siempre concentrando el poder en su persona para poder traer cambio. De fijo, estaría este nuevo líder promoviendo la creación de una nueva Constitución Política donde se permitiría una sociedad más pujante, quizás más justa y probablemente menos democrática en sus procedimientos.
Se debe notar que ninguno de los candidatos principales a la presidencia en la elección actual (los que registran más de un par de puntos en las encuestas) ofrece soluciones muy ambiciosas a los problemas nacionales; tienen experiencia en el sector político y saben bien que la posibilidad de hacer algo significativo sin desmantelar prebendas, instituciones innecesarias, y leyes contradictorias es mínima. Algunos están esperanzados en que una reforma fiscal pudiera darles recursos para hacer “algo,” pero es tal el endeudamiento y son tan grandes los compromisos que no hay paquete de impuestos que pueda hacer más que financiar lo existente.
Si no hay ánimo y ningún candidato o partido logra meter una dosis de esperanza al pueblo costarricense es posible que la asistencia en febrero a las urnas sea baja. Muchos dirán, como demuestran resultados del Latinobarómetro, que “da lo mismo”.


Carlos Denton

[email protected]