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Mientras mayor sea la demanda, como sabemos, más pueden bajar —o al menos no aumentar— los precios de los productos verdes. Pero no tenemos una política de Estado destinada a ello


Ticos amigables con la naturaleza


Ha escuchado sobre cambio climático el 79% de la población costarricense. Un 30% de esa población lo ha hecho también sobre la estrategia de carbono neutralidad a la que aspira Costa Rica.
Estos y otros datos acerca de la disposición de los nacionales a pagar más por productos verdes, fueron revelados por una encuesta de ambiente y cambio climático presentada el lunes de esta semana por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Esta demanda se vería favorecida por el alto nivel de conocimiento sobre temas ambientales y cambio climático de nuestra población.
Si se toma en cuenta que el costarricense en general se ha mostrado siempre amante de la naturaleza y de conservarla, no ha de extrañar que también se incline cada vez más por los productos amigables con la naturaleza.
“Si usted saliera de Costa Rica, casi nadie conoce el concepto de carbono neutralidad”, ha dicho a este medio Damiano Borgogno, del PNUD.
Los habitantes de esta nación, sin embargo, han venido siguiendo un proceso de formación al respecto, que más se da por interés personal que por información de medios o campañas de gobierno.
En el caso de los productos llamados orgánicos, más allá de ser un poco más caros, lo que sucede es que en general carecen de promoción adecuada por parte de los establecimientos en los que se venden.
En un país tan pequeño como este, sin embargo, el conocimiento que dicen tener los campesinos y muchas personas de las ciudades sobre los beneficios para la salud de comer sin pesticidas adheridos a los productos frescos, ha corrido de boca en boca y se difunde cada vez más.
Esto, que es un proceso natural, espontáneo, podría extenderse muy rápidamente si fuera parte de un plan país verde.
Somos un país verde, aparentemente, por un sentimiento presente en el ADN de la mayoría de la población.
Esto, en épocas anteriores, llevó a tomar decisiones para la protección de la naturaleza. No obstante, después no siguieron implementándose otras, especialmente las necesarias para lograr la producción orgánica.
Sería importante definirnos, a fin de que, si lo deseamos, nuestro desarrollo estuviera marcado por el espíritu de conservación de la naturaleza, como un eje transversal que atravesara todas las actividades.
Mientras mayor sea la demanda, como sabemos, más pueden bajar o al menos no aumentar los precios de los productos verdes.
 


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