Enviar
Termómetro sin alcohol
La flojedad de Trinidad y Tobago no sirvió para medir la calentura nacional


Gaetano Pandolfo
[email protected]

Había que ganar y se ganó. Punto.
Lo proyectado se hizo realidad; había mucha esperanza de que Estados Unidos pescara algo en los mares catrachos y salió con un tiburón; la pérdida de un par de unidades por los anfitriones, mal acostumbrados a derribarse en las instancias decisivas, combinada por victoria local en casa ante el más flojo de la hexagonal, ponían a Costa Rica de nuevo en viaje directo al Mundial, eso sí, con la obligación de triunfar en Washington, la terrible y difícil misión que ahora queda pendiente.
Un par de novedades atrajeron al Ricardo Saprissa a unos pocos miles de espectadores, bajo torrencial aguacero; el debut de René Simoes como técnico y por ende, las nuevas caras en la alineación titular, que finalmente fueron pocas: Herrera, Marín y Montero en la retaguardia; Barrantes y Azofeifa en la medular y pare de contar.
Desde el arranque, la Selección Nacional se apoderó del mando del encuentro y no lo soltó hasta el final; más que narrar las múltiples oportunidades de gol de los nuestros, que por dicha, dejaron cuatro en la red, decir que los trinitenses solo una vez llegaron al gol, en el minuto 31, poco después de que la Sele abriera la cuenta, y con Keylor Navas vencido, el defensor Cristian Montero desvió de cabeza de pie en la raya de sentencia, un remate corto de Baptiste que iba a la red.
Trinidad y Tobago, hundido en el sexto lugar de la hexagonal, nos visitó en partido de trámite y Costa Rica se aprovechó de sus debilidades para liquidarlo.
Rescatar la labor de Lula Montero al lado de Marín; muy bien Esteban Sirias que probó las tenazas de Marvin Phillip un par de oportunidades; en la cintura Michael Barrantes fue figura y se jugó un partidazo, sobre todo distribuyendo con claridad; abrió la cancha, estremeció el vertical con un trallazo y ayudó a que Abubakr incurriera en autogol para abrir el rosario de anotaciones y adelante, enorme segundo tiempo de Alvaro Saborío, que le puso en bandeja a Walter Centeno 2-0 y cerró la siembra con un par de goles a su mejor estilo y destacar la excelsa comunión entre los fanáticos y Rolando Fonseca, quien, cuando entró de cambio por Bryan Ruiz, desató las máximas emociones de la clientela.
Los caribeños no fueron parámetro, ni termómetro, y no nos sirvieron para nada para saber cómo estamos; se pusieron de alfombra, les pasamos por encima, hicieron con su pobre fútbol que en Costa Rica se reinventaran los sueños y se desgavetaran las ilusiones, de cara a la prueba de fuego, Estados Unidos en Washington.

Ver comentarios