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Lunes 14 Septiembre, 2009

Teoría económica fuera del blanco

La economía siempre ha sido una ciencia intensamente práctica. Su objeto, no siempre realizado con éxito, consiste en analizar un sistema económico y, en último término, predecir la reacción del sistema a un acontecimiento, a una política de gobierno o a un cambio en las fuerzas que operan en su interior.
En la autopsia práctica al repentino descenso de la economía que ha afligido a muchos países, el aspecto más inquietante ha sido el hecho de que los augures encargados de predecir el futuro económico hayan sido incapaces, en general, de dar la alarma de que se avecinaba un periodo de peligro.
Adam Smith, por ejemplo atacaba el mercantilismo y a las restricciones del comercio cuando escribía “la riqueza de un país no consiste solo en su oro y su plata, sino en sus tierras, casas y bienes comunes”. Malthus previó algunos de los problemas del mundo moderno cuando predijo que la producción iba a crecer más lentamente, que la población. Ricardo, el financiero, elaboró teorías de rentas y utilidades. Karl Marx, el revolucionario, predijo el desplome del capitalismo. En tiempos más recientes Irving Fisher demostró la importancia del volumen del medio circulante. Schumpeter halló en la innovación el origen del progreso económico. Keynes prescribió erogaciones gubernamentales para una economía estancada muy por abajo de su nivel óptimo.
Prevalece la confusión entre los peritos frente al hecho indudable de que sus predicciones no se están cumpliendo; y los desacuerdos entre ellos son un desengaño para los hombres de negocios y los funcionarios gubernamentales, que tienen que asignar fondos y elegir políticas económicas sobre la base de sus predicciones.
Cuando la predicción está seriamente equivocada, sugiere que hay algo mal en la teoría. Y cuando todas las predicciones dan fuera del blanco, esto sugiere que el cuerpo entero del pensamiento económico acumulado en los más de 200 años desde que Adam Smith sentó la base de la teoría económica moderna con su libro “La Riqueza de las Naciones”, es inadecuado para describir y analizar los problemas de nuestros tiempos.
De una manera u otra, los economistas de hoy deben revisar y ampliar este cuerpo de pensamiento, para que pueda aplicarse a un mundo inclinado a la inflación, acosado por las escasez y mucho más unido económica que políticamente.
Mientras llega un Keynes moderno cuya repentina intuición genere una teoría que explique lo que está pasando en estos momentos, los augures estarán volando a ciegas.
Ciertamente el ritmo creciente del cambio económico ha privado al analista de su más útil instrumento: el supuesto ceteris paribus.
Las rápidas transiciones que han afligido el orden económico mundial han sido tan impredecibles, que quien logre hallar los remedios indicados se hará merecedor de ser elevado a los altares.

Wilmer Murillo