Teófilo,  un veterano ante nuevos retos
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Por cuarta vez asumirá presidencia del ICE, ahora en un mercado abierto
Teófilo, un veterano ante nuevos retos
Teófilo de la Torre tiene larga experiencia en energía y telecom
La última vez que tomó las riendas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), los problemas eran distintos, pues el monopolio todavía existía y la institución podía caminar a su propio ritmo.
Pero ahora, Teófilo de la Torre, un ingeniero de carrera que ha ocupado gran parte de su vida al servicio público, enfrentará el mayor de sus retos: mantener vivo al ICE en un mercado abierto a la competencia y despejar las dudas sobre su sostenibilidad financiera a futuro.

Será su tercer regreso como presidente ejecutivo al ente estatal, el cual él conoce bien o mejor que nadie; de hecho es una de las personas más preparadas que existen en el país en las áreas de energía y telecom.
Su experiencia tendrá que utilizarla para enfrentar nuevos y difíciles retos.
En ese sentido, su experiencia ha sido más que todo en el sector energético, ante lo cual algunos empresarios del sector tecnológico han apuntado una presunta debilidad en el área que les interesa.
Además, encontrará un ambiente en la parte de telefonía, sobre todo en la móvil, distinto a lo que él conoció antes, cuando el ICE era una empresa que operada en el monopolio, cuya operación consistió casi únicamente en líneas fijas.
El nombramiento podría producir objeciones, por el hecho de que De la Torre salga del Ministerio rector del sector telecom, para presidir a una empresa que compite directamente con otras en ese mismo negocio.
Asumirá funciones en un escenario de convulsión, no solo por los choques que existen a nivel interno con los trabajadores, sino porque la competencia está encima.
Estos choques, de los cuales ha sido protagonista directo el saliente presidente ejecutivo Eduardo Doryan así como su gerente general Alejandro Soto (quien permanecerá en el cargo) tienen que ver con el manejo administrativo que se ha dado a la institución y con algunas decisiones que a juicio de los trabajadores son inadecuadas.
Por ejemplo, se han cuestionado posibles pérdidas por la puesta en marcha de Kölbi, ha habido un atraso de más de un año en el lanzamiento del servicio de televisión por Internet.
Adicionalmente se denunció ante la Contraloría el contrato para los cambios en los sistemas de facturación y de equipos tecnológicos para ampliar la cobertura de Internet (más de ¢6 mil millones en equipos embodegados), así como la creación de una nueva gerencia de servicio al cliente que trajo un aumento en la planilla, considerado por los sindicatos como innecesario.
Estas denuncias han surgido en momentos en que el ICE debería estar enfocado en hacer frente a la llegada de la mexicana Claro y la española Movistar, las cuales tienen permiso para comenzar a ofrecer servicios móviles en el momento en que se encuentren listas. Esto ocurriría sin duda antes de que termine el año.
No obstante, la preparación del Instituto de cara a la competencia no ha estado alejada de polémica.
Así ocurrió por ejemplo con la primera promoción de duplicación de minutos aire que lanzó al mercado, la cual recibió una gran cantidad de quejas y hasta una llamada de atención por parte de la Superintendencia de Telecomunicaciones, por no ser lo suficientemente claro en su publicidad.
Aunado a ello, la entidad también tiene pendiente un plan de expansión de la cobertura celular, exigido por la Superintendencia debido a serios problemas en la calidad del servicio.
Esto es algo en lo que se había venido trabajando y cuyos resultados De la Torre tendrá que llegar a explicar en las próximas semanas a la Superintendencia, la cual determinará si el servicio cumple con los estándares mínimos o si por el contrario enfrentaría eventuales multas.
Otro de los temas polémicos por resolver tiene que ver con la sostenibilidad económica, tanto del Instituto como de su subsidiaria Radiográfica Costarricense.
Estimaciones de firmas internacionales dan cuenta de que de seguir por el camino actual, el Instituto requeriría una intervención financiera en un periodo no mayor a cinco años, razón por la cual alertan sobre la necesidad de cambiar el rumbo.

Luis Valverde
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