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Miércoles 4 Septiembre, 2013

El documento leído es una gracejada que debilita nuestro Estado de Derecho, dándole ínfulas determinantes de teocracia


¿Teocracia en el Estado de Derecho?

Lo ocurrido el pasado 2 de agosto, llama a los ciudadanos responsables y probos a reflexionar sobre un nefasto error, y, a la Iglesia, a recordar.
Algunas advertencias históricas importantes:
• 1883. El liberal Próspero Fernández suprime la enseñanza religiosa del Instituto Nacional e impide la entrada a C.R. de más miembros de la Compañía de Jesús.
• 1884. Sedición organizada en contra del Congreso Constitucional por aprobar la ley que prohíbe el establecimiento en C.R. de órdenes religiosas. El 18 de julio de ese año, el gobierno de don Próspero, por decreto, ordena la expulsión del obispo Thiel y de los jesuitas porque se ha puesto en evidencia “…la mira de trastornar el orden público con el fin de apoderarse de la dirección de negocios que solo incumben al Poder público…”. Se crean las “Leyes Liberales de 1884”.
• 1885. El Concordato, firmado en 1852, es denunciado ante la Santa Sede.
• 1891. Se establece la Unión Católica del Clero, integrada por sacerdotes, como una asociación política que tiene por objeto “la defensa de los intereses católicos en toda su amplitud”.
• 1894. Este partido obtiene la victoria en las elecciones de primer grado, aunque no la mayoría absoluta de los votos. Alegando presiones del poder público se lanzan a la revuelta ocasionando tal caos que el gobierno lo reprime con dureza. Quizá, la más importante enseñanza de esta violencia, rescatada por Eugenio Rodríguez en Biografía de Costa Rica, es que “solo daños puede producir un partido político de bandera y programa religiosos”. Precisamente, el origen constitucional de la prohibición por parte de clérigos de hacer propaganda política invocando motivos religiosos o valiéndose de las creencias religiosas del pueblo, surge como iniciativa del nuevo presidente quien apacigua las pasiones político-religiosas de dichas elecciones, don Rafael Yglesias.
Los tres Poderes de la República pidiendo perdón retan el laicismo preconizado por el Papa Francisco, al someter el Estado a la Iglesia.
Ambos bandos han declarado que fue un hecho “estrictamente espiritual”. En un editorial de su periódico, la Iglesia argumenta que toda crítica no es más que la “expresión impune de la ofensa y el odio antirreligioso”. Sin embargo, el discurso preparado por la Conferencia Episcopal y parloteado por los máximos representantes de los Poderes, se atribuye la representación del pueblo, violando el artículo cuarto de la Constitución, socavando nuestro Estado de Derecho. No es un acto espiritual, es una intromisión eclesiástica en los asuntos públicos del Estado y un asentimiento, sin la menor resistencia, de quienes deben velar por el orden constitucional.
La Iglesia ha de mantenerse en la posición descrita por el sabio Monseñor Sanabria en 1945: “Yo estoy donde está la Iglesia, y la Iglesia está fuera y por encima del centro, de la izquierda, de la derecha…La Iglesia no tiene más orientación que ésta: Sursum, hacia arriba”.
El documento leído es una gracejada que debilita nuestro Estado de Derecho, dándole ínfulas determinantes de teocracia. ¡Cuidado costarricenses! Reflexionemos. Iglesia, no olvide.

Ricardo Sossa

Periodista y politólogo