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No ha faltado dinero en Costa Rica para avanzar mejorando las condiciones de vida de la población. Pero en demasiados casos los recursos se han dilapidado implementando ocurrencias sin importar sus resultados


Tengamos un cambio visionario… acertado

Sí se puede en este país hacer las cosas bien. Quizás recordar la mala gestión ayude a ello.
Uno de los tantos casos de despilfarro del dinero público se detalla en una nota de este medio hoy. Es importante recordar cómo se ha usado ese dinero.
Millones de dólares empleados en la compra de semáforos inteligentes y su instalación en las intersecciones y rutas más importantes de la ciudad capital, de nada sirvieron.
No ha faltado dinero en Costa Rica para avanzar mejorando las condiciones de vida de la población. Pero en demasiados casos los recursos se han dilapidado implementando ocurrencias sin importar sus resultados.
Es importante tener presente lo ocurrido en el país en ese sentido, contrario a quienes insisten en que el pasado ya pasó y lo que corresponde es mirar solo hacia delante.
Eso significaría que ni siquiera para aprender nos serviría la mala administración que hemos venido sufriendo.
Para caminar mejor hacia delante hay que analizar lo pasado. Hacer un listado del dinero perdido por mala administración es una buena medida en un país que suele tener débil memoria, como el nuestro.
Débil memoria porque en algún momento del camino empezamos a ser educados de ese modo. ¿Por qué?… Comprenderlo servirá para no volver a permitirlo.
Volviendo al caso de los semáforos inteligentes: “La culpa de esta situación es la falta de una política nacional para la implementación de estos dispositivos electrónicos, conectados a la nube de Internet y que permitan informar acerca de accidentes de tránsito, reparaciones o peligros en la vía, así como la disponibilidad de espacios de parqueo, eventos naturales o actos delictivos que estén ocurriendo”, explica nuestra nota.
Si esto tuviéramos, habría valido la pena los millones de dólares de su costo. Pero de eso no tenemos nada más que la triste experiencia de que nuestro dinero se desperdiciara una vez más.
La falta de transparencia que ha sido la tónica en el manejo de la cosa pública ha producido una realidad negativa que no debe repetirse. Y la única forma de que así sea es estudiando lo ocurrido.
Las grandes inversiones para obra pública se han hecho sin la transparencia y la comunicación necesarias para que contaran con el apoyo de la ciudadanía desde el inicio, antes de la firma de importantes contratos.
Y otros proyectos menores pero no por ello menos importantes se hicieron del mismo modo. Con improvisaciones que por sí mismas se encargaron de demostrar que lo eran.
Como decíamos al inicio, sí es posible hacer las cosas bien en este país. Para ello se debe pensar en un progreso para todos los sectores de la población, mediante una acción de gobierno clara, que responda a un plan para lograrlo.

 

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