Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 10 Agosto, 2018

Sinceramente

Tenemos que reconstruir Costa Rica sobre bases realistas

Para todos los costarricenses es evidente que el país se encuentra de rodillas. La economía se ha comenzado a hacer más y más lenta en su crecimiento. Ese lento crecimiento significa que más costarricenses no encontrarán trabajo, que las brechas de pobreza se ampliarán, que las disparidades en ingreso serán mayores. Una economía lenta en su crecimiento significará que la recaudación tributaria será de un crecimiento insuficiente para disminuir el déficit fiscal. Una economía de lento crecimiento frustrará los objetivos de vida de una generación.

La economía costarricense se ha ido tornando más y más informal. Los costos de la informalidad son cero y los costos de formalización son altísimos. Los costos de formalización laboriosos y enormes no conllevan mejores servicios o contraprestación valiosa del Estado que motive a los contribuyentes a formalizarse para disfrutarla.

Altos costos de formalización y pocas cosas que se muestren valiosas en el aporte estatal a quienes producen, está haciendo que los informales crezcan, que los informales sean imitados, que los informales tiendan a sobrevivir con más facilidad que aquellos formalizados.

La economía informal es una creciente carga para quienes están formalizados. El peso de la CCSS recae, plenamente, sobre los hombros de estos, así como las patentes municipales, la recaudación del impuesto de ventas, el pago de renta y la tramitología excepcional que vive Costa Rica. Los informales son una caja negra. ¿Quién quiere ser formal pudiendo ser informal? Esta pregunta me la formuló un vendedor de mercaderías en Avenida 4 cuando le pregunté por qué era un comerciante informal y no se formalizaba.

La contención y redirección del gasto no está siendo lo suficientemente rápida en el estado para convencer a quienes pagan los impuestos de que hay una transformación positiva en el manejo de los asuntos comunes. Muchos contribuyentes ven con ira que van a ser tasados con impuestos mayores cuando el servicio estatal, para quienes son formales y contribuyen, carece para ellos de valor. Por el contrario, la visible disparidad de sueldos y salarios, pensiones, horarios y rigor en la excelencia de los servicios que deben ser prestados más bien enfrían a los contribuyentes.

El discurso contra los emprendedores, las acusaciones diarias de defraudadores, de sinvergüenzas, de personas poco patrióticas, al señalarlos como los malos de la película de terror que estamos viendo en estos meses, hacen que muchos prefieran no aumentar su actividad ni hagan crecer el empleo en Costa Rica. ¿Quién va a querer invertir más y ampliar las empresas con este clima de agresión contra el empresario, con esta maraña de tramitología, con este desperdicio, con esta falta de efectividad que muestra el estado?

Así las cosas, la generación de más empleo pareciera que tiene un pronóstico reservado. ¿Cómo atacan a los que generan impuestos? ¿Cómo desalientan a los que organizan la producción?

El país debe comprender que los gastos, los desperdicios, los privilegios, las duplicaciones y la empleomanía política en el Estado, para tener allí trabajando a los partidarios del régimen, son elementos repugnantes a los costarricenses.

¿Qué persona limitada de recursos, que tiene en su casa, esposa y dos hijos que viven de un salario de 400 mil mensuales y a su padre o madre anciana, que recibe 78 mil colones de pensión del régimen no contributivo, y está bajo amenaza de impuestos crecientes para pagar las pensiones de seis, ocho, diez o 15 millones mensuales no está tremendamente disgustada? ¡Para pagar los pluses e incentivos dados a todos los empleados públicos, sean buenos o pésimos en su desempeño, el ciudadano trabajador no acepta pagar los impuestos! Se grita que esto se resolverá en las calles, que en las calles se bajará el gasto.

El país siempre deseó construir una sociedad solidaria, pero los salarios de los empleados públicos son un 50% más altos que los ingresos conseguidos trabajando en la empresa privada o en la informalidad. ¿Qué de solidario tiene eso? El país deseó construir una sociedad justa, en la que la justicia social fuera central. ¿Qué de justo y equitativo tiene que unos paguen altos impuestos para pagar pensiones de hacienda de privilegio, desperdicios, duplicaciones y ocurrencias de los gobernantes?

Costa Rica persiguió la democracia y la libertad, persiguió transformar empleados en propietarios, anheló que pudiéramos “derramar una lágrima menos y cortar una espiga más”, pero quienes han dirigido los asuntos comunes han desperdiciado y malgastado millones de millones de los impuestos pagados, y estamos atrapados en esta centrífuga que pareciera va a tragarnos y destruirnos.

600 mil millones de hueco financiero heredó el Gobierno Solís al gobierno que seguía. 300 mil millones más han aparecido de déficit no presupuestado en estos días. Ya son 900 mil millones más los que están abultando este abismo económico. Malo estuvo que se conservara de manera solapada para estallar la bomba en la siguiente administración. Con ese hueco, alguien tuvo la ocurrencia de comprar un avión útil y gastar cerca de cuatro mil quinientos millones en la Rotonda de las Garantías Sociales para hacer un jardincito. En realidad, solo podremos cubrir lo urgente e indispensable. La asignación del gasto del Estado es tan desastrosa, que las cosas buenas, útiles y convenientes no pueden comprarse. Las pensiones de los pobres no pueden mejorarse, la infraestructura no puede construirse. Esto es consecuencia directa de gastar en desperdicio, duplicación, salarios y estímulos que dados a todos son un insulto a los que trabajan bien, pues los que trabajan mal los reciben igual. Esto es consecuencia de gastar casi un millón de millones al año en pensiones desproporcionadas aunque ahora se hayan atajado un tanto.

Costa Rica está enferma. Tiembla en su lecho de agonía. Su pronóstico de salud es reservado. Y una enfermedad adicional aparece ominosa en el horizonte. Pareciera que la crisis fiscal arrastrará al país a una gran crisis cambiaria.

Que la Divina Providencia nos ampare.

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