Temperatura, parte II
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ESQUINA EPICUREA
Temperatura, parte II


En la columna anterior hablábamos de las temperaturas de los vinos, pero, ¿y en las cervezas?
El mismo efecto hace el frío en las papilas gustativas de nuestra lengua, sin importar si es bebida o comida lo que se degusta: las papilas se dormirán y solamente se podrá sentir una parte de las cualidades de la bebida y platillo en cuestión.
Se recomienda servir la cerveza al combinarla con platos elaborados a una temperatura entre tres y cinco grados e inclusive más.
¿Suena esto a una locura? Quizás sí en la mayoría de nuestros países tropicales, siendo quizás la República Dominicana el país que más se enorgullece de servir una Presidente “con velo de novia“ o “ceniza”.
Recomendación: mantenga la cerveza guardada a una temperatura de dos grados más debajo de la temperatura a la cual desea tomarla, verifique frecuentemente la temperatura en su refrigerador o cámara, dé una buena rotación al producto y por favor nunca —y repito—, nunca, apague las cámaras en la noche para economizar energía, y esto vale también para el vino.
En la página web “El Placer de Comer” se publica la siguiente nota que comparto con ustedes respecto al vino y la temperatura: en Europa y en otros países tomadores de vino, Francia especialmente, es donde la experiencia de siglos ha llevado a establecer la temperatura mas apropiada a la que debe servirse cada tipo.
Recordemos de paso que en esos países donde hay inviernos rigurosos con nevadas y heladas, la tierra llega, o casi, a congelarse en invierno, manteniéndose fría hasta el siguiente invierno.
Por eso los sótanos donde se guardan los vinos son muy fríos, entre 11 y 13 grados centígrados, a diferencia del trópico donde la tierra y por consiguiente los sótanos se mantienen calientes.
Asimismo la temperatura ambiente de las habitaciones interiores en la mayor parte del año, es mas fría en el primer caso, unos 17 grados centígrados, que en el segundo caso, de unos 22 a 25 grados”.
De allí el viejo mito que todavía dura: “ os vinos rojos deben ser “chambrés”, es decir llevados a la temperatura del cuarto, y los blancos “helados”.
Lo que es cierto en parte, dependiendo donde se esté.
En el caso de los vinos rojos que para que desarrollen plenamente sus aromas conviene servirlos a 17 o 18 grados, habrá que enfriarlos un poco en el trópico y calentarlos en los países fríos en general, dependiendo de las condiciones en cada caso.
¡Buen provecho y hasta la próxima semana!

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