Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 17 Febrero, 2010


Telefonía móvil para los que tienen menos


La semana pasada compré un teléfono celular prepago en Guatemala por Q150 (más o menos ¢10 mil) con todo, incluyendo el impuesto. Lo adquirí para mi hermano, que llegó a ese país para realizar labores de bienestar social por unos días. Comprado de la empresa TIGO (una de las que desean entrar al mercado costarricense) traía un recargador, y 100 minutos de tiempo que se podían usar en todo el territorio nacional. Si mi hermano quería comprar más minutos, se conseguían en quioscos y pulperías en cualquier centro urbano; hasta los venden en los semáforos.
Digo que “lo compré,” pero la verdad es que alguien mi hizo el favor de ir a la esquina más cercana de donde yo estaba en una reunión empresarial, y le tomó a esa persona 15 minutos todo el proceso. Con este tipo de servicio cualquiera, incluyendo extranjeros no residentes como fui yo en Guatemala, puede disfrutar de la comodidad de un teléfono con su número propio.
En ese país, nunca aparecen titulares en los periódicos que dicen “se agotaron líneas,” ni jamás se ven largas filas de personas esperando bajo el sol frente a una institución para obtener un acceso al servicio móvil. Todavía hay teléfonos públicos, pero pocas veces se ven personas esperando para usarlos. Aun los más necesitados tienen acceso a un teléfono móvil.
Aquí en Costa Rica, durante muchos años el ICE operó usando un marco conceptual que no ha logrado superarlo del todo. El servicio de energía eléctrica se producía y se promovía como una necesidad solidaria, además de ser indispensable para una nación con ambición de desarrollarse, pero la telefonía más bien se percibía como un servicio suntuario. Se cobraba caro, y el efecto fue el de limitar el servicio a los que tenían más capacidad adquisitiva. Incluso hubo periodos en que ciertos componentes del servicio, por ejemplo las llamadas de larga distancia, producían utilidades suficientes para financiar en parte la ampliación del servicio eléctrico a los lugares rurales del país.
La institución estatal todavía no ha comprendido que la comunicación conlleva un valor social, y la muestra más patente de esta falta de visión es que no ha logrado establecer un sistema de telefonía prepago masivo, como lo tiene todo el resto de los países de Centroamérica. Aparte de mostrar en el área de comunicación una falta grande de solidaridad con los más necesitados, la verdad es que el ICE está cometiendo un error estratégico frente al mercado al no entrar fuertemente al negocio prepago. En vez de aprovechar los atrasos en la llegada de la competencia, saturando al país con los teléfonos de este tipo, que dicho sea de paso tienen que ser altamente rentables, ha dilatado; según las últimas noticias tiene apenas 5 mil clientes de prepago en un “programa piloto”.
No creo que cometí un “error” al no adquirir el teléfono guatemalteco a nombre personal mío. Sí es cierto que TIGO ofrecía una promoción importante y todos los que compraban teléfonos de esa compañía participaban en un sorteo; diez ganadores tenían la posibilidad de conocer a Marc Anthony personalmente en el día de los enamorados. Pero la verdad, creo que esa promoción se enfocaba más a las mujeres.

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