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Viernes 18 Noviembre, 2011

TCU: ¿requisito burocrático o eje integrador?

La educación en el siglo XXI requiere un cambio sustantivo, pues no basta con una buena transferencia de información técnica y con gente preparada para operar con eficacia en su nicho laboral, los nuevos tiempos requieren líderes íntegros éticamente y agentes de cambio social.
Estos retos necesitan mucho más que el trabajo en las aulas. Involucran a la comunidad como socio estratégico.

No basta tampoco con una lista de cursos aprobados cuyas calificaciones a veces son prueba solamente del cumplimiento de requisitos formales, pero no de la presencia de algún cambio significativo en el estudiante. El aprendizaje es algo más que mera absorción de información nueva.
Los enfoques educativos basados en el desarrollo de competencias integran el saber intelectual con el saber ejecutivo, el ético y el emocional, siendo que ninguno es más importante que cualquiera de los otros.
El Trabajo Comunal Universitario (TCU) es una magnífica oportunidad para integrar estas dimensiones.
Por estas razones, el TCU asume en ULACIT las siguientes características esenciales:
Sectores marginados y vulnerables. Los problemas son grandes: la pobreza no se reduce, la desigualdad muestra un peligroso incremento, la violencia y la inseguridad campean por todas partes, el consumo de drogas y la indigencia castigan a amplios sectores de la población. Es crítico que los estudiantes universitarios se acerquen a estos sectores y conozcan sus necesidades de primera mano y no solo a través de informes y estadísticas.
Aplicación clara y explícita de la carrera. El TCU no puede ser para “lo que sea” para cumplir un número de horas. La responsabilidad social desde la universidad se debe hacer en lo que es su especialidad: la producción y transmisión de conocimiento. Un estudiante de administración de negocios no sabe nada de intervención en adicción a las drogas, pero sí puede enseñarle a un grupo de jóvenes de un centro de rehabilitación sobre cómo crear su propia microempresa al salir de nuevo a enfrentar el mundo.
Se hace con la gente. ¿Qué hace un estudiante de TCU dedicado exclusivamente a acomodar expedientes en una institución social? Este tipo de actividades poco contribuyen a generar desarrollo humano. Resulta clave colocar a la persona en el centro del esfuerzo, no en su periferia.
Etica desde la acción. Resulta mucho más estimulante para los estudiantes hablar de valores como la solidaridad, la empatía o el servicio a través de una experiencia concreta.
Evaluación es integral. Se trata de lograr valor social tanto para los receptores de la acción como para los estudiantes, y aquí la experiencia nos sugiere un dato estupendo: cuanto mejor es el impacto social del proyecto, mayor tiende a ser el aprendizaje obtenido.
¿No será hora ya de un cambio más profundo en la educación? ULACIT está asumiendo este reto con seriedad y esta nueva visión del TCU es parte de este cambio.

Pablo Chaverri
Trabajador social
Director de Aprendizaje en Servicio
ULACIT