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Viernes 28 Octubre, 2011

Surrealismo económico

Como empresario, he visto como hay personas que obtuvieron grandes ganancias por medio de la especulación en el mercado financiero.
Los grandes directores de bancos han jugado con fuego y al final no se han quemado a pesar de que su entorno ha ardido. Sus ganancias no están respaldadas por productos concretos o por la incorporación de un valor agregado a determinadas materias primas; se trata de papeles sin respaldo en la realidad y que constituyen verdaderos espejismos para los que pretenden invertir en ellos.
Al empresario le cuesta mucho obtener dividendos. Los riesgos a los que está expuesto son muchos: tiene que lidiar con suministro a tiempo de materias primas, el recurso humano y con una expectativa variable en la venta de sus productos. Empero, los títulos valores de las empresas tienen un respaldo real en los bienes que le permiten desarrollar su actividad. Se trata de actividades en que se puede ganar o perder mucho porque los factores involucrados en el proceso productivo son reales y no ficticios.
Teniendo en cuenta esta realidad, los gobiernos deberían realizar sus políticas económicas fundamentadas en la base fáctica que le proveen los empresarios. La gran especulación en el mercado financiero ha generado un surrealismo económico, digno de las pinturas de Salvador Dalí. Lo que se ofrece y lo que hay no concuerda o es contradictorio. La realidad se presenta como una imagen que no coincide con los hechos. Los gobiernos se han visto inmersos en un mundo de papel y cuando se han percatado, la economía real quedó postrada ante los grandes especuladores.
Una realidad ficticia tarde o temprano pasa factura. Cuando una política económica no se sustenta en la realidad, corre el riesgo de fracasar y llevarse por delante a todos los agentes económicos de un país. No se trata de no usar los mecanismos financieros que el mercado ofrece, se trata de hacerlo responsablemente. Los gobiernos requieren de fundamentos sólidos y probados para sustentar una política que permita un desarrollo sostenido que beneficie a todos los actores económicos.
Los empresarios somos realidad, no ficción. No es lo mismo que en el mercado de valores se ofrezca acciones de una empresa conocida, de trayectoria comprobada con años de esfuerzo y trabajo, a que se ofrezca títulos cuya solvencia es determinada con base en las calificadoras de riesgo.

En el primer caso, el respaldo está garantizado por las personas que están detrás de la empresa y por los diferentes activos que son necesarios para ejercer la actividad productiva; en el segundo caso, la posibilidad de que lo ofrecido no concuerde con la realidad está presente, ya que se deposita la confianza en lo que digan o no terceras personas.
Podremos salir de este surrealismo económico cuando el sistema financiero vuelva a sustentar su desarrollo en empresas reales y no en productos financieros que son papeles sin sustento fáctico. Los empresarios de carne y hueso debemos alzar la voz frente a los especuladores, ya que somos los que podemos salir más perjudicados ante la irresponsabilidad con que se ha venido manejando el mercado financiero nacional e internacional.

Zaid Namor Leugim
Empresario