Enviar
Viernes 8 Febrero, 2013

Los “notables” han circunscrito su análisis a la función operativa interna del aparato estatal, dejando de lado la relación Estado-Sociedad básica en la República


Sueño parlamentario mas no republicanización


Con todo respeto para los distinguidos profesionales que integraron la Comisión de Notables, he de decir que ese último calificativo los acercó más a la aristocracia y los alejó de la democracia. He aquí el pecado original de la Comisión, sumado a la falta de interdisciplinaridad y de mujeres, tal vez por esto último su informe no tuvo “corazón”.
Pecado original que indica que son los “notables” quienes determinan el camino de los demás simples mortales, ciudadanos que por su falta de “notoriedad” no tienen la capacidad de visualizar su futuro, por ser más consecuencia que promotores de su destino.
Lo que políticamente está viviendo Costa Rica no es efecto único del sistema presidencialista, el más exitoso de América Latina, inclusive, eso es un simplismo repetirlo.
Los “notables” han circunscrito su análisis a la función operativa interna del aparato estatal, dejando de lado la relación Estado-Sociedad básica en la República.
También, dejaron de lado los profundos cambios económicos sufridos en las últimas tres décadas. Con un crecimiento económico que no se puede negar, pero que ha sido a costa de relegar el desarrollo económico, característica principal de nuestra historia republicana.
Una republicanización es el giro que una mayoría de costarricenses reclama hoy, para mayor participación en la toma de decisiones y en la asignación de recursos.
Que los controles ciudadanos sobre sus gobernantes sean mayores en busca de la eficacia y la probidad. Una verdadera republicanización exige elección directa de diputados, un fortalecimiento de los 81 municipios en el marco de sus responsabilidades regionales. Unido a un fortalecimiento de la figura de los ministros, para que retomen su papel lógico-político de reguladores, y de las instituciones autónomas para darles su papel operativo.
Que la Contraloría General de la República debe fiscalizar a posteriori, es un tema hartamente planteado y de acuerdo general. Que la Sala IV debe concentrarse en el espíritu de su creación, otro tema de acuerdo comprobado. Que se requiere un respeto a lo establecido por la Ley General de la Administración Pública y la Ley de Planificación Nacional, fue tema notablemente obviado y desconocido por quienes ejercen el poder.
Para qué tanto “rollo” con el Ministerio de la Presidencia, si a este con su ley de creación en 1963 le quedaron claras sus funciones y obligaciones. Por qué no darle “dientes” al Poder Ejecutivo con una particular Ley General que le obligue y comprometa con un mayor orden y mejores servicios públicos.
Por qué no volver a lo que fue la Oficina de Planificación —hoy MIDEPLAN— que tenía potestades para formular planes y programas vinculantes para todo el sector público e indicativos para el sector privado.
Cuando más exige el ciudadano de un Estado más cercano, que obliga a una mejor desconcentración y descentralización para la toma de decisiones tácticas, es exactamente cuando se nos propone un proceso involutivo hacia la concentración.
Da la impresión que algunos se han europeizado y olvidaron aquella hermosa letra y música que dice “…yo no envidio los goces de Europa, ni la grandeza que en ellos existe, es más veces más linda mi tierra…”, y le agregaría, “… y mi República”.

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo