Enviar
Viernes 1 Junio, 2012


Muchos son los ejemplos que permiten concluir en la necesidad de una cultura de planificación, que no solo se preocupe de lo inmediato, sino que además trace la ruta para el futuro

Suceso versus proceso

Hace algunos años escuché al Dr. Sherman Tomas decir que uno de los problemas de nuestro país, es que nos hemos acostumbrado a satisfacernos con el “suceso” sin importar el “proceso”, o sea, privilegiamos el “qué” y nos olvidamos del “cómo”.
Cuando analizamos lo sucedido con la “trocha fronteriza”, entendemos esta realidad: una “carretera” que recorre la frontera norte, sin embargo, meses más tarde nos enteramos con tristeza del costo económico, político, ambiental y social de esa obra.
Todo indica que a nadie le interesó el “cómo”, sino el “qué”. La situación que antecedió la construcción de la trocha convenció de su necesidad institucional tal y como lo reclamó con razón, la señora Presidenta.
No obstante, la historia de la trocha fronteriza es la misma sobre el puente de la platina, cuyo arreglo definitivo fue anunciado tres veces; el Estadio Nacional, que se inauguró con mucha alegría para todos y todas y poco tiempo después conocimos que no hay planes de mantenimiento; las cámaras de control de velocidad en carretera, que días después fueron apagadas; los proyectos de vivienda que se otorgan y posteriormente surgen las fallas constructivas que convierten las aspiraciones de las familias, entre otros casos.
Muchos son los ejemplos que nos permiten concluir en la necesidad de establecer una cultura de planificación, que no solo se preocupe de lo inmediato, sino que además, trace la ruta para el futuro más lejano.
Por otra parte, lo sucedido en los casos citados debe constituirse en una lección aprendida para todos los órganos de control, que por seguir creyendo en la existencia de leyes que hablan y recitan el control interno, se deja en el baúl que esos conceptos deben traducirse en acciones concretas.
Es necesario migrar hacia un sistema de control integrado por las instituciones existentes. Dejar la idea del bache en la carretera, para preocuparnos por la autopista que deberá existir; plantear el “suceso” e iniciar la construcción del “proceso” que permita llegar a él.
Consideramos que el retraso en esta cultura institucional de planificar a largo plazo, de revisar el proceso para llegar al suceso, se convierte en una estaca en el corazón del sistema de gobierno, que finalmente, no termina de convencer a los destinatarios de su accionar y que se debilita todos los días un poco más por la falta de legitimación, producto del fracaso y del despilfarro de recursos en un país en que no abundan.

Luis Gerardo Fallas Acosta
Defensor adjunto de los habitantes