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Jueves 6 Marzo, 2008

Subsidios eléctricos y otros menesteres


Pocos dudan de la necesidad y eficacia de subsidios bien diseñados y aplicados. Motivados por la solidaridad con algunos sectores de la población o por el estímulo a determinadas actividades, la virtud de los subsidios puede hacer viables proyectos y ayudar de modo efectivo a mejorar condiciones de vida. Sin embargo, para que surta efecto, un subsidio debe satisfacer condiciones, incluidas las de transparencia, focalización y comunicación. De lo contrario, se convierte en una distorsión socioeconómica.
Es transparente un subsidio cuando está bien definido en todos sus términos, incluidos fines e instrumentación. La definición transparente determinará quién se beneficia, bajo qué condiciones, durante cuánto tiempo y en qué grado; pero también quién y cómo pagará la factura del subsidio. La falta de transparencia por el contrario abre espacios a la discrecionalidad.
Un subsidio focalizado permite dirigir el esfuerzo a un objetivo concreto, evaluable, no difuso. La evaluación de su efectividad debería acompañar siempre a su diseño e implementación, de modo que su justificación sea objeto de escrutinio permanente, en términos de costos y beneficios para la sociedad.
Por último, todo subsidio debería ser comunicado a los que lo reciben, a los que lo pagan y a toda la sociedad. No es lo mismo transparencia que comunicación y conviene difundir la información veraz y precisa correspondiente y si se alcanza lo que con él se persigue.
La Cámara de Industrias ha solicitado la eliminación del subsidio recibido por el sector residencial que consume por encima de 200 kWh mensuales. Se trata de un sector con presunta capacidad de pago, dado su relativo alto consumo, que sin embargo paga hoy por debajo de su costo esos primeros 200 kWh mensuales.
Conviene tener claro que este subsidio es bastante opaco y discrecional, pues no obedece a criterios preestablecidos (entre otras cosas porque no se divulgan los costos de suministro de la electricidad a diferentes tensiones) ni identifica quién paga ese consumo subsidiado. Conviene también señalar que las pymes son hoy principales contribuidores a los subsidios del sector residencial de alto consumo, aunque también en menor medida lo son otros sectores productivos.
El actual subsidio al sector residencial es en realidad un impuesto confuso a las actividades productivas, no aprobado por los legisladores y que se presta a manejos arbitrarios apelando a altos principios. Pero además invita al despilfarro, al esconder a los consumidores el verdadero valor de la electricidad, en momentos en los que pesan sobre el sistema eléctrico nacional crecimientos y desequilibrios de demanda, así como riesgos de desabastecimiento y de encarecimiento por generación térmica de emergencia.
Es resorte del Poder Ejecutivo establecer subsidios, conforme a sus políticas y prioridades, en su Plan de Desarrollo. La solidaridad y el fomento de determinadas actividades pueden ser objeto de subsidios, pero su mal diseño y aplicación discrecional los convertirá en odiosos, por más loable que sea el fin perseguido.

Juan María González Vásquez
Vicepresidente de la Cámara de Industrias de Costa Rica