Enviar

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde 1996, cuando tuve la suerte de apoyar a don Walter Kissling, destacado empresario costarricense, para la creación de la Asociación Empresarial para el Desarrollo, AED, una de la primeras entidades que procuran la vinculación de las empresas con temas sociales.

En ese momento ocupaba la Dirección Regional de Comunicaciones y Ayuda a la Comunidad (así se llamaba…) de HBFULLER, empresa multinacional dedicada a la fabricación de adhesivos, que operaba en 17 países en esta parte del mundo, y cuyo CEO era precisamente don Walter.

En las dos décadas transcurridas desde esa época, he ocupado posiciones en organismos internacionales, entidades públicas y empresas privadas, siempre enfocada al desarrollo social, la superación de la pobreza, la responsabilidad social y la sostenibilidad.

Y sin duda, la conciencia de las empresas y las personas sobre estos temas, también ha aumentado mucho desde entonces, para comprender que la actuación ‘responsable’ ya no es opcional, sino obligatorio para aquellas que quieren ser ‘sostenibles’.

Se ha avanzado muy rápidamente desde el concepto inicial de filantropía, pasando por la responsabilidad social, y cayendo finalmente en lo que hoy definimos como Sostenibilidad. Todo ello, intentando resolver el eterno conflicto entre la oruga y la mariposa: la primera, que solo piensa en comer y engordar, frente a la segunda, que decide volar y esparcir sus beneficios entre quienes se relacionan con ella.

A pesar de los avances, el sustento teórico para estos temas es todavía incipiente. Organizaciones como GRI (Global Reporting Initiative) han hecho aportes para materializarlo; ISO 26.000 ha determinado las materias fundamentales que lo componen y el Pacto Global de las Naciones Unidas propone unas guías generales de actuación.

No obstante, si usted hoy decidiera hacer estudios en Sostenibilidad, se daría cuenta de que sus profesores toman como base las prácticas de empresas alrededor del mundo, pues carecen de otro contenido teórico. A esta materia le aplica muy bien aquel verso de Antonio Machado: “se hace camino al andar”; se va construyendo a medida que las empresas se atreven innovar, aplicando la lógica de ‘prueba y error’.

Mi propósito con este blog, es contribuir con esa tarea. Cada vez más personas buscan la trascendencia de sus acciones, su huella en el mundo, más allá de hacer dinero o alcanzar la fama. Pero la mayoría no saben bien como hacerlo y la información es escasa: ¿cómo se aplica, cómo se pone en práctica, cómo se mide, cómo se comunica…? Esa es la razón fundamental de este blog.

LA REPÚBLICA me ha dado la oportunidad de conversar con ustedes sobre el tema Sostenibilidad, sus diferentes matices y áreas de gestión; aprender de otros y fomentar el intercambio de ideas y experiencias. Buscamos crear un lugar donde podamos encontrarnos los apasionados del tema, propiciando que más personas y organizaciones encuentren ese “cómo?” y muchas más decidan tomar este camino.

El poder transformador que propone este enfoque solo logrará el impacto deseado, el día que miles y miles de empresas decidan adoptarlo como estrategia de negocios, los gobiernos lo entiendan e impulsen mediante políticas públicas, y millones de personas decidan sumarse a su propósito de cambiar el mundo.

Con este blog, espero poner un granito de arena para que eso suceda. Y lo más pronto posible, pues como dice el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar". La sociedad necesita con urgencia de más personas vinculadas a iniciativas de desarrollo concretas, más organizaciones y mas empresas asumiendo un compromiso para la construcción conjunta de un mundo más sostenible, más equitativo y más feliz.

Ver comentarios