Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 21 Marzo, 2013

Con escuálidos logros materiales y sin una ejemplar cultura de los valores, de nada sirve una campaña publicitaria al propósito de construirle imagen al régimen


De cal y de arena

Son puras mangas y capirotes

Increíble pero cierto. Al Estado costarricense se le han abierto créditos por $7.200 millones y no dispone de ellos —a pesar de ser tantas y tan inaplazables las obras de infraestructura pendientes— por obstáculos derivados de una pobre gestión administrativa y de la infaltable tramitomanía. La Contraloría de la República cuestiona esta disfuncionalidad y desde el Ministerio de Hacienda se confiesa la inepcia que impide la más elemental tarea de remover cuellos de botella, algo que empieza porque algunas instituciones —véase esta barbaridad— no saben ni siquiera cómo se hace la contratación.
La plata solo se ha movido en tres programas en los tres últimos años, con un caso trágico el Proyecto Limón Ciudad-Puerto que solo ha invertido el 3% de los recursos. La misma Contraloría acusa la aflicción de la inversión pública no financiera como porcentaje del PIB en los rubros de infraestructura y equipo que pasó del 9,4% al 6,1% de 2010 a 2012. ¿Y cómo así, si existe aquella millonada de plata contratada?
Hay que preguntar si en esas consideraciones se incluyeron los miles de millones de colones que se fueron por las alcantarillas de la malhadada trocha fronteriza del norte y que sí tuvieron “la virtud” de encontrar diligente manejo y lujurioso rédito, con todas las trazas de conductas delictivas que van a quedar en oprobiosa impunidad para goce de quienes pecaron por acción o por omisión.
El tiempo como que conspira para desvanecer el expolio y para despejar la ruta hacia una nueva aventura gubernamental por esas latitudes sin que nadie haya rendido cuentas: se invertirán ¢146 mil millones en una diversidad de obras de infraestructura que se anuncian con bombos y platillos en los albores de la campaña política y ni siquiera hay planos, lo que da idea de la superficialidad con que se atienden las funciones de gobierno y del desdén hacia los habitantes de la región.
“Ni corruptos ni traidores ni enemigos de la patria van a hacer que el gobierno desista de seguir adelante”, advirtió la Presidente Chinchilla sin parar mientes en la desmirriada credibilidad de una administración incursa en repetidas contradicciones, omisiones, errores y pecados resultantes de su incompetencia política y de esa desatinada conducta ante el mandato de la ley que la Presidente y todos los funcionarios de Estado juraron cumplir.
Es un mal síntoma que en una inoportuna crítica a la Municipalidad de Belén que exigió cumplir el dictado de la ley en el tema del parque de exposiciones en Pedregal, la Presidente se haya descolgado con un aval a quienes pedían aplicarse la parte ancha de la ley del embudo.
Con escuálidos logros materiales y sin una ejemplar cultura de los valores, de nada sirve una campaña publicitaria al propósito de construirle imagen al régimen.
Aquellos miles de millones de dólares en reposo —díganlo los limonenses— y el colapso técnico y moral en la red vial —v.g. la trocha— desnudan las áreas donde el gobierno, que acumula el récord de las callejeras protestas sociales, debió empeñarse.
 

Álvaro Madrigal